Imaginario 25
Marzo 2011
Para comenzar:
Finalizó la 10º Jornada del Libro, en Balcarce. Se montó una linda carpa en el boulevard de la avenida Favaloro, para las editoriales de afuera y locales (Ediciones LB fue el único stand local) sin costo. En Casa de Cultura se programaron y transcurrieron diversas actividades. Gratis.
La propuesta fue buena. La respuesta del público, mala. Ni siquiera pobre.
Lamentablemente, debo contradecirme: en la revista del mes de febrero, halagué al público balcarceño por su masiva presencia en la Fiesta del Automovilismo. “Fue una verdadera fiesta”, dije. Sin embargo, esta vez, la Jornada se vio empobrecida por la ausencia de ciudadanos. Y justamente para ellos iba dirigida.
Balcarce tiene unos 45.000 habitantes y en los tres días que duro´ la programación, ni el 1% se acercó al lugar citado.
¿Qué pasa gente?
Sabemos que los libros no muerden. Pero, parece que asustan un montón.
Reflexiono lo siguiente: a los chicos les encanta mirar los libros (sino llévenlos a una biblioteca y verán). Ese es el primer paso para crear niños lectores que se interesen en la diversidad infinita que ofrece la literatura. Pero claro, los padres deben llevarlos, acompañarlos.
Es triste ver como se priva de oportunidades a quienes más lo necesitan.
Lisandro Bechir
Fiestas y cosechas
Llegaron las fiestas y con ellas, el calor; en fin, la cosecha.
Me presento. Soy Carlos, vivo (es una manera de decir) en Rafaela-Santa Fe. Por mi trabajo, giro y giro por todo el país en búsqueda de la economía familiar. ¿Saben? Me pierdo miles, millones de cosas. Es verdad, gano otras.
Lo duro es la ruta, la soledad, el silencio, y el maldito canto de los pájaros. En época de trabajo duro, me canso tanto que no sobra tiempo para mentes aburridas. Eso sí, cuando es el momento de la espera, la ropa y amigarse con la banquina del lugar elegido para ser visto y de esta manera contratado. Ese es el punto estratégico, el tiempo de la reflexión.
La lluvia seca las lágrimas del rostro y de todo el ancho y largo de mi piel, secado por el sol intenso, el viento y el frío mañanero. Se suman los días. Día tras día, lejos del hogar, de los “míos”. Igual en las fiestas. Tratamos de brindar, de festejar que hay trabajo, pero el momento de levantar las copas… Es un aprendizaje eterno.
Hoy, además, me aguanté una cola eterna en un lugar mínimo de repuestos. Esperé. Esperé. Esperé. Finalmente conseguí lo que necesitaba, y a muy buen precio. Estaba sin trabajar desde el 24, por ese repuesto maldito.
Tanto el señor, como el productor, sobre el mediodía del 24, creyeron que todo tendría una pronta solución. Con el correr de las horas y el descenso de la sensación térmica, comenzó la desazón.
Solo, caminé unos mínimos pasos hacia el lugar del festejo.
Restábamos, un hombre de Vidal y yo.
Oscureció. Me alcanzaron amablemente un vaso de sidra. Se ofrecieron a acercarme a mi lugar. Fue así. .
A la luz de la luna, comí. Solo.
Al menos lo hice frente a la sierra de mi admirado J. M. Fangio.
Marina Ibarlucea
CICLOS
He escrito, he trasvasado, he traducido. Me he.
Mis tatuajes a flor de piel me refrescan verdades. Sigo mi camino, a veces rengueo. Esquivo crucigramas. Deletreo la palabra “estómago”. No vomito. Entre tribales, motivos celtas, sunhyatas, frases y palabras con sus étimos del griego y del latín sobrevive mi piel de remembranza.
La memoria es torpe. Olvido lo que debería recordar y recuerdo lo que debería olvidar. Es muy torpe. Torpe-mente escribe, trasvasa, traduce. Lástima que se mienta y al mentirse me mienta.
Cuáles son los meandros de las circunvoluciones. Los laberintos de la memoria ¿adónde llevarán?
La renguera es el dilema. Los recuerdos no se ven en la cara.
Siempre desconfié de aquellos que me respondían con otra pregunta.
La eternidad, lo que no tiene principio ni fin. La serpiente que fagocita su propia cola. Círculo. Ciclo.
H. Aníbal González
Viejitos lindos
Oliverio Girando
Oliverio Girondo nació en Buenos Aires en 1891, en el seno de una familia adinerada que le procuró una esmerada educación en importantes centros educativos europeos.
Estudió Derecho, pero se dedicó a la poesía y al periodismo.
Participó en revistas como Proa, Prisma, Martin Fierro
A raíz de sus contactos con los poetas exponentes de la vanguardia europea, publicó en 1922 su primer libro de poemas, «Veinte poemas para ser leídos en el tranvía», seguidos luego por «Calcomanías» en 1925. En 1926, en un almuerzo organizado en honor a Ricardo Güiraldes, conoció a Norah Lange, poetisa con la cual se casó en 1943 y con quien emprendería innumerables viajes.
Publico «Espantapájaros» en 1932, «Persuasión de los días» en 1942, «Campo nuestro» en 1946 y «En la masmédula» en 1954, obra que constituye en su trabajo más audaz en el campo de la poesía.
Al iniciarse la década de los años cincuenta, guiado por su interés en las artes plásticas, incursionó en la pintura con una marcada tendencia surrealista, gracias a su profundo conocimiento de la pintura francesa.
En 1961 sufrió un grave accidente que le disminuyó sus condiciones físicas.
En 1965 viajó por última vez a Europa
y a su regreso a Buenos Aires, falleció en 1967.
Dicotomía incruenta
Siempre llega mi mano
más tarde que otra mano que se mezcla a la mía
y forman una mano.
Cuando voy a sentarme
advierto que mi cuerpo
se sienta en otro cuerpo que acaba de sentarse
adonde yo me siento.
Y en el preciso instante
de entrar en una casa,
descubro que ya estaba
antes de haber llegado.
Por eso es muy posible que no asista a mi entierro,
y que mientras me rieguen de lugares comunes,
ya me encuentre en la tumba,
vestido de esqueleto,
bostezando los tópicos y los llantos fingidos.
Llorar a lágrima viva...
Llorar a lágrima viva.
Llorar a chorros.
Llorar la digestión.
Llorar el sueño.
Llorar ante las puertas y los puertos.
Llorar de amabilidad y de amarillo.
Abrir las canillas,
las compuertas del llanto.
Empaparnos el alma, la camiseta.
Inundar las veredas y los paseos,
y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.
Asistir a los cursos de antropología, llorando.
Festejar los cumpleaños familiares, llorando.
Atravesar el África, llorando.
Llorar como un cacuy, como un cocodrilo...
si es verdad que los cacuíes y los cocodrilos
no dejan nunca de llorar.
Llorarlo todo, pero llorarlo bien.
Llorarlo con la nariz, con las rodillas.
Llorarlo por el ombligo, por la boca.
Llorar de amor, de hastío, de alegría.
Llorar de frac, de flato, de flacura.
Llorar improvisando, de memoria.
¡Llorar todo el insomnio y todo el día!
El puro no
El no
el no inóvulo
el no nonato
el noo
el no poslodocosmos de impuros ceros noes que noan noan noan
y nooan
y plurimono noan al morbo amorfo noo
no démono
no deo
sin son sin sexo ni órbita
el yerto inóseo noo en unisolo amódulo
sin poros ya sin nódulo
ni yo ni fosa ni hoyo
el macro no ni polvo
el no más nada todo
el puro no
sin no.
Entrevista
H. Aníbal González
¿Desde cuando escribe?
Desde los 17 años aproximadamente, comenzando con poesía.
Influencias literarias.
Saramago, Borges. Extraliterarias: Münch, Dalí. Ahora estoy con Bukowski.
¿Por qué llamo a su obra “Enésimos relatos?
Porque “indeterminadas veces se repite el ciclo y el pasado reluce en la mirada de aquellos rebeldes que creen en su insania.” Esto lo digo en el prólogo.
¿Cuál fue la experiencia, el resultado de la presentación del primer libro?
Superó ampliamente mis expectativas. Fue una experiencia enriquecedora. El resultado fue óptimo en todo sentido. El marco de La Jornada del Libro fue excelente.
Proyectos
Seguir escribiendo poesía, mi primer amor. Terminé una nouvelle “Trese”. Escribí una nueva serie de relatos “Pseudo bitácora” y tengo una novela en mente y diseñada “El ultimo egoísta”.
Kerouac, Jack (Escritor de tapa)
(Lowell, EE UU,12/3/ 1922-St. Petersburgh, Estados Unidos, 21/10/1969) Escritor estadounidense. Fue un genuino representante de la forma de vida y de la creación literaria de la llamada Generación beat, cuyos otros dos integrantes más conocidos fueron William Burroughs y Allen Ginsberg. A esta generación se le atribuyó la etiqueta de movimiento contracultural, que hacía del erratismo marginal, las drogas, el sexo, la música de jazz y la filosofía oriental sus referentes. En 1957 publicó En el camino, que fue aclamada como un verdadero manifiesto, exaltación del sentimiento salvaje de la vida y de la locura. Otras novelas suyas son El pueblo y la ciudad (1950), Los vagabundos del dharma (1958), El vagabundo solitario (1960), Big Sur (1962), Visiones de Gerard (1963), Ángeles de desolación (1965) y Satori en París (1966).
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