Imaginario 25
Marzo 2011
Para comenzar:
Finalizó la 10º Jornada del Libro, en Balcarce. Se montó una linda carpa en el boulevard de la avenida Favaloro, para las editoriales de afuera y locales (Ediciones LB fue el único stand local) sin costo. En Casa de Cultura se programaron y transcurrieron diversas actividades. Gratis.
La propuesta fue buena. La respuesta del público, mala. Ni siquiera pobre.
Lamentablemente, debo contradecirme: en la revista del mes de febrero, halagué al público balcarceño por su masiva presencia en la Fiesta del Automovilismo. “Fue una verdadera fiesta”, dije. Sin embargo, esta vez, la Jornada se vio empobrecida por la ausencia de ciudadanos. Y justamente para ellos iba dirigida.
Balcarce tiene unos 45.000 habitantes y en los tres días que duro´ la programación, ni el 1% se acercó al lugar citado.
¿Qué pasa gente?
Sabemos que los libros no muerden. Pero, parece que asustan un montón.
Reflexiono lo siguiente: a los chicos les encanta mirar los libros (sino llévenlos a una biblioteca y verán). Ese es el primer paso para crear niños lectores que se interesen en la diversidad infinita que ofrece la literatura. Pero claro, los padres deben llevarlos, acompañarlos.
Es triste ver como se priva de oportunidades a quienes más lo necesitan.
Lisandro Bechir
Fiestas y cosechas
Llegaron las fiestas y con ellas, el calor; en fin, la cosecha.
Me presento. Soy Carlos, vivo (es una manera de decir) en Rafaela-Santa Fe. Por mi trabajo, giro y giro por todo el país en búsqueda de la economía familiar. ¿Saben? Me pierdo miles, millones de cosas. Es verdad, gano otras.
Lo duro es la ruta, la soledad, el silencio, y el maldito canto de los pájaros. En época de trabajo duro, me canso tanto que no sobra tiempo para mentes aburridas. Eso sí, cuando es el momento de la espera, la ropa y amigarse con la banquina del lugar elegido para ser visto y de esta manera contratado. Ese es el punto estratégico, el tiempo de la reflexión.
La lluvia seca las lágrimas del rostro y de todo el ancho y largo de mi piel, secado por el sol intenso, el viento y el frío mañanero. Se suman los días. Día tras día, lejos del hogar, de los “míos”. Igual en las fiestas. Tratamos de brindar, de festejar que hay trabajo, pero el momento de levantar las copas… Es un aprendizaje eterno.
Hoy, además, me aguanté una cola eterna en un lugar mínimo de repuestos. Esperé. Esperé. Esperé. Finalmente conseguí lo que necesitaba, y a muy buen precio. Estaba sin trabajar desde el 24, por ese repuesto maldito.
Tanto el señor, como el productor, sobre el mediodía del 24, creyeron que todo tendría una pronta solución. Con el correr de las horas y el descenso de la sensación térmica, comenzó la desazón.
Solo, caminé unos mínimos pasos hacia el lugar del festejo.
Restábamos, un hombre de Vidal y yo.
Oscureció. Me alcanzaron amablemente un vaso de sidra. Se ofrecieron a acercarme a mi lugar. Fue así. .
A la luz de la luna, comí. Solo.
Al menos lo hice frente a la sierra de mi admirado J. M. Fangio.
Marina Ibarlucea
CICLOS
He escrito, he trasvasado, he traducido. Me he.
Mis tatuajes a flor de piel me refrescan verdades. Sigo mi camino, a veces rengueo. Esquivo crucigramas. Deletreo la palabra “estómago”. No vomito. Entre tribales, motivos celtas, sunhyatas, frases y palabras con sus étimos del griego y del latín sobrevive mi piel de remembranza.
La memoria es torpe. Olvido lo que debería recordar y recuerdo lo que debería olvidar. Es muy torpe. Torpe-mente escribe, trasvasa, traduce. Lástima que se mienta y al mentirse me mienta.
Cuáles son los meandros de las circunvoluciones. Los laberintos de la memoria ¿adónde llevarán?
La renguera es el dilema. Los recuerdos no se ven en la cara.
Siempre desconfié de aquellos que me respondían con otra pregunta.
La eternidad, lo que no tiene principio ni fin. La serpiente que fagocita su propia cola. Círculo. Ciclo.
H. Aníbal González
Viejitos lindos
Oliverio Girando
Oliverio Girondo nació en Buenos Aires en 1891, en el seno de una familia adinerada que le procuró una esmerada educación en importantes centros educativos europeos.
Estudió Derecho, pero se dedicó a la poesía y al periodismo.
Participó en revistas como Proa, Prisma, Martin Fierro
A raíz de sus contactos con los poetas exponentes de la vanguardia europea, publicó en 1922 su primer libro de poemas, «Veinte poemas para ser leídos en el tranvía», seguidos luego por «Calcomanías» en 1925. En 1926, en un almuerzo organizado en honor a Ricardo Güiraldes, conoció a Norah Lange, poetisa con la cual se casó en 1943 y con quien emprendería innumerables viajes.
Publico «Espantapájaros» en 1932, «Persuasión de los días» en 1942, «Campo nuestro» en 1946 y «En la masmédula» en 1954, obra que constituye en su trabajo más audaz en el campo de la poesía.
Al iniciarse la década de los años cincuenta, guiado por su interés en las artes plásticas, incursionó en la pintura con una marcada tendencia surrealista, gracias a su profundo conocimiento de la pintura francesa.
En 1961 sufrió un grave accidente que le disminuyó sus condiciones físicas.
En 1965 viajó por última vez a Europa
y a su regreso a Buenos Aires, falleció en 1967.
Dicotomía incruenta
Siempre llega mi mano
más tarde que otra mano que se mezcla a la mía
y forman una mano.
Cuando voy a sentarme
advierto que mi cuerpo
se sienta en otro cuerpo que acaba de sentarse
adonde yo me siento.
Y en el preciso instante
de entrar en una casa,
descubro que ya estaba
antes de haber llegado.
Por eso es muy posible que no asista a mi entierro,
y que mientras me rieguen de lugares comunes,
ya me encuentre en la tumba,
vestido de esqueleto,
bostezando los tópicos y los llantos fingidos.
Llorar a lágrima viva...
Llorar a lágrima viva.
Llorar a chorros.
Llorar la digestión.
Llorar el sueño.
Llorar ante las puertas y los puertos.
Llorar de amabilidad y de amarillo.
Abrir las canillas,
las compuertas del llanto.
Empaparnos el alma, la camiseta.
Inundar las veredas y los paseos,
y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.
Asistir a los cursos de antropología, llorando.
Festejar los cumpleaños familiares, llorando.
Atravesar el África, llorando.
Llorar como un cacuy, como un cocodrilo...
si es verdad que los cacuíes y los cocodrilos
no dejan nunca de llorar.
Llorarlo todo, pero llorarlo bien.
Llorarlo con la nariz, con las rodillas.
Llorarlo por el ombligo, por la boca.
Llorar de amor, de hastío, de alegría.
Llorar de frac, de flato, de flacura.
Llorar improvisando, de memoria.
¡Llorar todo el insomnio y todo el día!
El puro no
El no
el no inóvulo
el no nonato
el noo
el no poslodocosmos de impuros ceros noes que noan noan noan
y nooan
y plurimono noan al morbo amorfo noo
no démono
no deo
sin son sin sexo ni órbita
el yerto inóseo noo en unisolo amódulo
sin poros ya sin nódulo
ni yo ni fosa ni hoyo
el macro no ni polvo
el no más nada todo
el puro no
sin no.
Entrevista
H. Aníbal González
¿Desde cuando escribe?
Desde los 17 años aproximadamente, comenzando con poesía.
Influencias literarias.
Saramago, Borges. Extraliterarias: Münch, Dalí. Ahora estoy con Bukowski.
¿Por qué llamo a su obra “Enésimos relatos?
Porque “indeterminadas veces se repite el ciclo y el pasado reluce en la mirada de aquellos rebeldes que creen en su insania.” Esto lo digo en el prólogo.
¿Cuál fue la experiencia, el resultado de la presentación del primer libro?
Superó ampliamente mis expectativas. Fue una experiencia enriquecedora. El resultado fue óptimo en todo sentido. El marco de La Jornada del Libro fue excelente.
Proyectos
Seguir escribiendo poesía, mi primer amor. Terminé una nouvelle “Trese”. Escribí una nueva serie de relatos “Pseudo bitácora” y tengo una novela en mente y diseñada “El ultimo egoísta”.
Kerouac, Jack (Escritor de tapa)
(Lowell, EE UU,12/3/ 1922-St. Petersburgh, Estados Unidos, 21/10/1969) Escritor estadounidense. Fue un genuino representante de la forma de vida y de la creación literaria de la llamada Generación beat, cuyos otros dos integrantes más conocidos fueron William Burroughs y Allen Ginsberg. A esta generación se le atribuyó la etiqueta de movimiento contracultural, que hacía del erratismo marginal, las drogas, el sexo, la música de jazz y la filosofía oriental sus referentes. En 1957 publicó En el camino, que fue aclamada como un verdadero manifiesto, exaltación del sentimiento salvaje de la vida y de la locura. Otras novelas suyas son El pueblo y la ciudad (1950), Los vagabundos del dharma (1958), El vagabundo solitario (1960), Big Sur (1962), Visiones de Gerard (1963), Ángeles de desolación (1965) y Satori en París (1966).
Imaginario 24
Febrero 2011
Para comenzar
Este año Ediciones LB participó, por primera vez, de una fiesta típica de Balcarce. Me refiero a la Fiesta del Automovilismo. Estuvimos acompañando con un pequeño stand en la plaza.
Debo decir que la experiencia ha sido realmente positiva.
Fue, como dije, una Fiesta. Una Fiesta de los balcarceños, para y desde Balcarce, con invitados de otras ciudades y varios turistas.
¿Y esto qué nos dice?
Esto habla a las claras de participación e identidad. Hasta de necesidad de expresión.
Habla de una ciudad con ganas; un pueblo que, si le dan, responde. Este pueblo que, en definitiva, es todos lo pueblos.
A la gente, al pueblo, insisto, siempre hay que tomarlo en cuenta. Porque cultura no son solamente un montón de libros, sino también, la manifestación popular.
Hacer una seria introspección al respeto sirve para mejorar las cosas a tiempo.
Si no me creen, lean los diarios.
Lisandro Bechir
Reunión familiar
-Mafalda es lindo nombre- dijo tía Su.
-¡Hay, no! Ponele Frida nomás, nena.-Exclamó la abuela.
-A Charly y a mi nos gusta mas Mafalda. Pero…
-La van a cargar- agregó mi padre desde el otro extremo de la mesa.
-La abuela tiene razón- se metió Cristina, mi hermanita solterona, a la que le decíamos Fifí- Y pa´, también.
-Entiendan que es decisión de ellos- dijo tía Su sirviéndose más ensalada de papa y huevo.-Los chicos deben ser libres de elección.
-¿Y la familia, qué?- ¿No tiene importancia? – manifestó la abuela, todo arrugas.
-Oíla a la abuela- punzó Cristina agregándole más sal a la carne.
-¡Nena, la presión!- dijo la tía Su con voz de fumadora empedernida.
-Acordate que en la familia somos casi todos hipertensos.-dijo la abuela, sabiamente.
-Hasta el día de hoy ninguno murió de eso. –retrucó Fifí.
-Es cierto- afirmó papá embadurnando de chimichurri el chorizo.
-Le van a poner segundo nombre, supongo-agredió Cristina, que estaba en todas.
-No- dije a secas.
-¿No?- exclamó la abuela, ahogándose con el vino.
Cuando terminó de toser y escupir un pedacito de lechuga, demandó- ¡En la familia todos tienen, al menos, dos o tres nombres!
-Y todo para que después le pongan un apodo de por vida: Pocha, Porota o Micha- se rió papá.
-¿Lo decís por mi?- se crispo mamá.
-No, Pochita. A vos te queda lindo- la calmó papá mordisqueando el embutido de cerdo.
Cristina se rió abiertamente y mamá la miró de reojo, molesta.
-¿Y si es varón?- preguntó la abuela.
-La ecografía dice que es varón, nona. Por eso…
-¿Nona? Más respeto con mi nombre. Me llamo Juana Aurora Beatriz Saror de Benegas.
-Papá te decía Bochi- dijo mamá, en chiste.
-Tu padre, si. Pero, él era el único con autoridad para hacerlo.
-Lili- dijo papá hacia mí- ¿Cuándo vuelve Charly?
-Mañana, pa.
-¡Cacho! ¡Basta con el chimichurri ¡- lo retó otra vez mamá.
Julio Barnes
No lo amo
Es una pena que mi vecino me ignore. No lo amo, ni lo quiero.
Simplemente me gusta algo de su indiferencia. Parece ficticia, demasiado prolongada.
Necesito la suspensión de eso. Lo necesito a él sin camuflaje.
Reconozco que es mi guerra, mi lucha. Y me agradaría que él participara de modo conciente.
Estoy tentada en decírselo.
Ignoro si lograré cautivarlo con mi revelación. Eso si, estoy segura que dejará, de ignorarme.
Ay, no creo soportar más tiempo esta situación. Me gusta él y la situación que provoca, esa idea de misterio que penetra en mí.
Y si lo espío es porque tengo la impresión de que lo está esperando.
Me espera y también me espía.
Creo que estoy loca o, al menos, enloqueciendo, buscando un imposible para continuar esta obsesión con un hombre sospechosamente culposo de alimentar mi locura.
GER
Habrá más nombres
Sorbes la tristeza de tus lágrimas.
Lagrimas en el profundo dolor de la soledad.
El ya no está y vos sufrís tu presencia
en cada rincón de tu cuerpo, como ecos.
Los días pasan indiferentes, crueles.
Yo te escuché decir su nombre tantas veces,
yo sorbí tus suspiros en los días inacabables.
El se fue y dejó el abandono en vos.
El se fue por fin. Su nombre se evaporará.
Te digo: habrá más días, habrá más nombres.
Quizá, también, porque así es la vida, habrá/ otros ecos.
Ursula B.
Viejitos lindos
Alfonsina Storni
Alfonsina Storni (1892-1938), esta escritora argentina nació en Suiza en 1892, en la región de habla italiana. Vivió en Rosario, estudió Magisterio en la Escuela Normal y fue profesora de arte dramático, hizo alguna incursión en el teatro, pero lo más conocido de su obra son sus libros de poemas.
Comenzó su carrera literaria en 1916 con La inquietud del rosal, que recoge las sugestiones intimistas y sentimentales de un post-romanticismo, y publicó El dulce daño (1918), Irremediablemente (1919) y Languidez (1920).
Después realizó viajes a Europa, en 1930 y 1934, que influenciaron en su obra, se sumó a este cambio, su azarosa vida amorosa y su lucha por el papel de la mujer en la sociedad de la época, además de manejar el tema de la sinceridad erótica. Publicó en esta etapa Mundo de siete pozos (1934) y Mascarilla y trébol (1938). Escribe con menos cánones, y con expresión libre y desprejuiciada.
Se suicidó en 1938 en Mar del Plata, sintiendo la impotencia ante el dolor producido por el cáncer. La noche anterior a que se internara en el mar desde la playa La Perla, escribió un poema, que envió al diario argentino La nación, y que fue publicado con su necrológica: “Voy a dormir”, y que se cree estaba dirigida a su hijo.
Voy a dormir
Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.
Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera;
una constelación, la que te guste;
todas son buenas, bájala un poquito.
Déjame sola: oyes romper los brotes...
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases
para que olvides... Gracias... Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido.
(24 de octubre de 1938)
La caricia perdida
Se me va de los dedos la caricia sin causa,
se me va de los dedos... En el viento, al rodar,
la caricia que vaga sin destino ni objeto,
la caricia perdida, ¿quién la recogerá?
Pude amar esta noche con piedad infinita,
pude amar al primero que acertara a llegar.
Nadie llega. Están solos los floridos senderos.
La caricia perdida, rodará... rodará...
Si en el viento te llaman esta noche, viajero,
si estremece las ramas un dulce suspirar,
si te oprime los dedos una mano pequeña
que te toma y te deja, que te logra y se va.
Si no ves esa mano, ni la boca que besa,
si es el aire quien teje la ilusión de llamar,
oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos,
en el viento fundida, ¿me reconocerás?
(Languidez)
Domingo Faustino Sarmiento
En 1943, a 55 años de su fallecimiento,
la Conferencia Interamericana de Educación
(integrada por educadores de toda América)
se reunió en Panamá y estableció
el 11 de septiembre como Día del Maestro:
“Ninguna fecha es más oportuna para celebrar
el día del maestro que el 11 de septiembre,
día en que pasó a la inmortalidad
Domingo Faustino Sarmiento.
Por tanto se declara día del maestro en todo
el continente americano el 11 de septiembre”.
Nació el 14 de febrero de 1811 en la provincia de San Juan. Hijo de José Clemente Sarmiento y Paula Albarracín. Tuvo una formación autodidacta. Durante la Guerra Civil que asoló a las Provincias Unidas del Río de la Plata a finales de la década de 1820, combatió en el bando liberal, y cuando Juan Manuel de Rosas estableció su dictadura en 1835, partió como exiliado a Chile. En este país trabajó como periodista y profesor, y fue allí donde publicó Facundo, civilización y barbarie (1845), contra el régimen de Rosas. En 1842 comenzó a ejercer como director de la Escuela Normal de Preceptores en Santiago y, tres años más tarde, el gobierno chileno le envió a Europa y Estados Unidos para estudiar sus sistemas educativos. Tras la caída de Rosas en 1852, regresó a su país. Ministro plenipotenciario de la República Argentina (proclamada en 1862) en Estados Unidos, desde 1864 hasta 1868; al final de su ejercicio fue elegido presidente de la República. Su administración fue enérgica y progresista, extendió el comercio, mejoró el transporte, favoreció la inmigración y fomentó la enseñanza. El 22 de Agosto de 1873, Sarmiento sufrió un atentado. Iba a bordo de su carruaje volviendo de una sesión del Congreso y fue interceptado en Maipú y Corrientes por tres hombres. Uno de ellos le disparó, pero la pistola le explotó en las manos. Los agresores habían sido los hermanos Pedro y Francisco Guerri y Luis Casimiro, inmigrantes italianos contratados por Aquiles Seagrugo para cometer el asesinato.
Cuando acabó su época presidencial, volvió a enseñar. Como director de escuelas en Buenos Aires, reorganizó el sistema escolar. Entre sus escritos destacan Conflictos y armonías de las razas en América (1883), La vida de Dominguito (1885), dedicado a su hijo muerto en la Guerra del Paraguay.
En 1885 fundó El Censor y se opuso a la candidatura de Miguel Juárez Celman.
Su figura despertó admiración, resistencia y oposición desde las más diversas posiciones políticas en su época e incluso posteriormente.
Falleció el 11 de Septiembre de 1888 en la ciudad de Asunción, en Paraguay.
Imaginario 23
Enero 2011
Para comenzar
Algo interesante que trae un nuevo año es la posibilidad de planificar, de soñar un poco. Nadie es ajeno a los sueños. Y nosotros, no somos la excepción.
Por ejemplo, pensamos en las cosas que deseamos materializar en este 2011: aumentar la tirada de ejemplares; incrementar el número de páginas; lanzar un (muy próximo) Concurso Literario de Ediciones LB; presentar en sociedad un voluminoso nuevo libro de Lisandro Bechir (de pronta aparición); conseguir una mayor distribución de Imaginario en Mar del Plata (para extender la difusión cultural bilateral).
Y, por supuesto, desear que aparezcan más referentes culturales que no se “desencanten” pronto del inconstante apoyo social y gubernamental.
Somos positivos, pero no ingenuos.
Apoyen a la cultura.
Un país embrutecido es complicidad de todos.
Lisandro Bechir
Versos para mi madre
Qué es la vida
sino un manojo de ilusiones
tratando de echar raíces,
creciendo, ensayando ritos
con la incertidumbre del día final.
Te observo frágil,
latiendo en tu pequeño espacio.
Busco en las penumbras de tus pliegues
un resplandor
de aquella amalgama de energía y coraje,
de tu valiente terquedad,
de tu crispación ante el fracaso.
Y solo veo tu cuerpo de espuma,
sin esforzarse en llegar al mañana.
Duele el terreno perdido,
la tesis no entregada a tiempo.
Duele comprender las alas quebradas.
Tus rígidas costumbres, del otro lado del océano
impusieron cláusulas: fantasmas que
atemorizaron mi estima, deshabitada de caricias.
Busque en mi tus convencidas virtudes
y las vi fragmentadas.
Antagonismo perfecto,
interpretado con los años.
Insistente, el nudo se desata en lágrimas.
Fluyen como un río subterráneo
tus canciones de mi infancia.
Entonces, anhelo ciertas puertas cerradas.
Estos vocablos no son un reproche.
Son cálidas cenizas esparcidas al
silencio llenando cuencas vacías.
Instrumentos de mi paz.
Franca Caputo
El amor está hecho
Para volver a buscar un resabio
una ruta en esa ruta
rompo la tímida paz
/de los pasos
En tu silencio,
esa almohada de rincones sin voces.
Es verdad que hay ventanas en tus sueños
y mirar desde allí es un embrujo.
Europa aguarda su secuestro
en la firmeza de mis pinceladas.
Alas, viento, suspiros que hablan de ti y de mí.
Aparece un dulce yermo, un silencio en el tiempo.
Los dedos se entrecruzan en el hálito final.
Es así que, una vez más, el amor está hecho.
Julio Barnes
Viejitos lindos

(1890 - 1979)
Escritora, editor y destacada intelectual argentina, fundadora de la revista Sur, que sirvió de nexo entre la cultura europea y la argentina. Victoria Ocampo nació en una familia aristocrática íntimamente relacionada con la historia de la República Argentina. Hija de Manuel Ocampo, ingeniero y constructor de caminos y de Ramona Aguirre Herrera, tuvo cinco hermanas, entre las cuales está Silvina Ocampo, también escritora. Durante su infancia fue educada por institutrices, aprendiendo francés, inglés y español. En 1896 viaja con la familia a Europa y queda fascinada con París (Francia), lugar que volvería varias veces en su vida. En 1912, Victoria Ocampo contrae matrimonio con Bernardo de Estrada, pero estando de luna de miel por Europa descubre una carta de su esposo hacia su padre que le aseguraba que "los delirios de Victoria por ser actriz desaparecerían cuando quedara embarazada", hecho que la enfurece y se divorcia al poco tiempo. En 1916 conoce a José Ortega y Gasset y ambos quedan impresionados, Victoria Ocampo por la "inteligencia efervescente" del filósofo y éste llamándola “Gioconda de las pampas”. En 1920 publica su primera nota en el diario "La nación", donde habla de la desigualdad entre los seres humanos. En 1924 llega a Buenos Aires Rabindranath Tagore y Victoria Ocampo lo hospeda en una propiedad de la familia, mostrando gran admiración hacia él. En 1931 funda la revista Sur, donde escribirían muchos de los escritores más importantes del siglo. Dos años más tarde funda la editorial Sur para divulgar la mejor literatura de la época y solventar la revista. En 1946, Juan Domingo Perón promete en un discurso darle el voto a la mujer, algo que Victoria Ocampo venía promoviendo, pero la escritora no está de acuerdo que sea un gobierno antidemocrático el que promueva eso. Años más tarde, la familia es marcada por los peronistas como "oligarcas disidentes", siendo presa política en 1953. Estando de visita en Buenos Aires, Indira Gandhi le otorga el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Visva Barathi a Victoria Ocampo. Tiempo antes de morir afectada por un cáncer, Victoria Ocampo decide donar Villa Ocampo y Villa Victoria a la UNESCO.
Frases
Hay libros cuya belleza formal es tan apretada, tan concluida, tan severa, que nada nuestro puede insertarse en ellos. Su superficie compacta y lisa no nos ofrece resquicio alguno. Nos queda sólo la posibilidad de aquiescencia o de rechazo.
El monólogo del hombre no me alivia ni de mis sufrimientos ni de mis pensamientos. ¿Por qué he resignarme a repetirlo?
(...) Nacerá una unión, entre el hombre y la mujer, mucho más verdadera, mucho más fuerte, mucho más digna de respeto. La unión magnífica de dos seres iguales que se enriquecerán mutuamente puesto que poseen riquezas distintas.
Mi única ambición es llegar a escribir un día más o menos bien, más o menos mal, pero como una mujer.
Los hombres han hablado enormemente de -la mujer-, pero desde luego y fatalmente a través de sí mismos. A través de la gratitud o de la decepción (...). Se los puede elogiar por muchas cosas, pero nunca por una profunda imparcialidad acerca de este tema.
Lo que desde ya sabemos afirmar de América es que estamos enamorados extrañamente de ella. Y ese amor, como todo gran amor, es una prueba. Prueba que arroja sobre nuestras incapacidades e imperfecciones una luz resplandeciente y cruel.
La vida social es un continuado concurso abierto entre los hombres para medir sus aptitudes con ánimo de ser preferidos por la mujer.
(...) Te escribo como siempre para quejarme y decirte que la vida es estúpida, el mundo injusto, el destino ciego, la sociedad idiota, y nada más... tengo casi todo lo que se puede tener; una cosa me molesta: la inteligencia.
Creo que, desde hace siglos, toda conversación entre el hombre y la mujer, (…) empieza por un no me interrumpas de parte del hombre. Hasta ahora el monólogo parece haber sido la manera predilecta de expresión adoptada por él (La conversación entre hombres no es sino una forma dialogada de este monólogo). Se diría que el hombre no siente o siente muy débilmente la necesidad de intercambio que es la conversación con ese otro ser semejante y sin embargo distinto a él: la mujer.
"Yo pensaba que si América es joven, el mundo no lo es y que nuestro continente se parece a esos niños cuya infancia se marchita de vivir siempre entre adultos. América no cree ya en los cuentos de hada, pero lleva en sí la eterna necesidad que los hizo nacer. Como necesita creer en ellos acabará por inventarlo de nuevo. Y ése será su milagro."_________________________________
María Elena Walsh
(Ramos Mejía, 1 de febrero de 1930 - 10 de enero de 2011)
“DONDE NO HAY LIBROS, HACE FRIO. VALE PARA LAS CASAS, LAS CIUDADES, LOS PAISES ...”
María Elena Walsh fue poetisa, escritora, compositora y cantautora. La mezcla cultural que hizo en vida, en tanto se ocupaba de entretener a los más chicos y también buscaba complicidad en los más grandes con escritos comprometidos.
La creadora de la tortuga Manuelita nació de padre irlandés y de madre argentina en el barrio porteño de ramos Mejìa, el 1º de febrero de 1930.
María Elena irrumpió en la escena intelectual del país con sus obras infantiles, entre las que se destacan Manuelita la tortuga, y los libros Tutú Maramba, El reino del revés y Dailan Kifki. Pero no sólo se dedicó a los más chicos, sus escritos políticos tenían una carga ideológica fuerte, la cual debió ser censurada durante los años de la dictadura militar.
La creadora del mundo del revés transitó por el teatro, el cine y la televisión, medios a través de los cuales logró una masiva popularidad entre las muchas generaciones que la escucharon para entretenerse y las que actualmente lo hacen.
Imaginario 22
Diciembre 2010
Para comenzar
…y otro año se termina, con sus cosas buenas y de las otras.
Creo que recibir un año nuevo es como recibir una nueva hoja en blanco donde poder proyectar nuestros sueños y esperanzas: mantener lo logrado, materializar lo ansiado…
Ya lo se´. Tal vez digan: “Lisandro, nada de eso es seguro, fácil”. Si, es verdad. Pero, muchas veces sucede. Muchas más de las que reconocemos.
Por ejemplo, en el transcurso del año se han materializado cuantiosas actividades culturales en la ciudad (desde el lado gubernamental, privado e independiente). Y esta descoyuntada fusión es válida, útil; porque se multiplica para el bien de todos.
Entonces, quizá solo sea cuestión de ponernos un poquito de acuerdo ¿no?
A mi entender estas cosas son las que hacen girar al mundo (todavía).
Y estas palabras no son apologías de nada, ni tampoco es que se me haya encarnado el espíritu festivo en los dedos que teclean esta introducción.
Es sentido común, nomás.
Si no podemos juntos, aunque sea, cada cual por su lado, agregue un granito de arena en el reloj de la vida, y eso, les aseguro, nos viene (siempre) bien a todos.
Basta, no más filosofía zen.
Por lo pronto aquellos que hacemos la revista Imaginario les deseamos Feliz Navidad y Año Nuevo.
Y como siempre, les agradecemos por estar a nuestro lado.
Lisandro Bechir
Acaríciame, vida
Sin orden alguno
consumo mis días
en una hoguera de muerte.
No puedo evitar la codicia
por aquellos que baten
sus alas hacia el espacio sembrado.
Desmedidas carencias
dilatan mi razón,
quiebran la magia del mañana,
y mi sombra se desangra.
Supongo que me resignan
estos versos desdichados,
pero el músculo se desgarra en gritos
y los puños rompen el silencio.
¡Quiero mi libertad encarcelada!
¡Que me perforen los aromas
de la brisa y coaccionen
las hogueras de la muerte!
Franca Caputo
La rosa
Cuando se abre en la mañana
roja como sangre esta´.
El rocío no la toca
porque le teme quemar.
Abierto en el medio día
es dura como el coral.
El sol se asoma a los vidrios,
para verla relumbrar.
Cuando en las ramas empiezan
los pájaros a cantar
y se desmaya la tarde
en las violetas del mar.
Se pone blanca como una mejilla de sal.
Y cuando la toca la noche
con su plateado cuerno de metal
y las estrellas avanzan,
mientras los aires se van,
en la raya de la oscuridad
se comienza a deshojar.
María Luján Alí
Pitufo, mi gran caballo
Hace muchos, pero muchos años, cuando yo tenía entre ocho o nueve años me gustaba mucho andar a caballo y hacía todos los mandados de mi casa y de mi vecino.
El vecino tenía un horno de ladrillo y cuando necesitaba hacerlos me llamaba, me decía: agarra el caballo que más te guste. Yo siempre buscaba al mismo, un animal brioso, con una estampa hermosa, era alazán y tenía crines y cola blanca.
Un día se acercó mi vecino Roberto a mi casa, preguntó por mi, lo atendió mi padre José y le dijo que en un ratito llegaba, que había ido a hacer unos mandados a la panadería. Cuando llegué, Roberto me estaba esperando con mi caballo preferido para regalármelo. Lo llamé Pitufo.
Desde ese momento hacía todos los mandados con mi Pitufo. Traía las lecheras para mi mamá, encerraba los caballos para mis hermanos…
Cuando estaba por casarme me preocupaba tener que dejar a mi caballo, pero mi novio me dijo: Pitufo se va con nosotros. Me puse muy contenta.
Pensaba que mi primer hijo iba a aprender a andar a caballo en mi Pitufo, pero no fue así.
Una mañana de invierno mi esposo salió al campo y volvió antes de lo esperado, con la mala noticia de que se había muerto mi caballo. Me invadió una enorme tristeza. Al principio me paralicé, luego me puse un abrigo y fui a su encuentro.
En el camino cortaba flores de cardos. Mis manos no sentían las espinas. Solo quería llegar y verlo.
Una vez con el no pude contener las lágrimas y lo despedí a mi Pitufo.
Pero siempre estará en mi recuerdo.
Maria Rosas de Pérez
Viejitos lindos
Esta es una nueva sección que se nos ha ocurrido incorporar (con todo el respeto correspondiente a los demás autores) de textos breves de célebres escritores, además de una sucinta biografía (obviamente) de los mismos.
José Hernández
(1834 - 1886)
Nació en los caseríos de Perdriel, en la Chacra de su Tío Don Juan Martín de Pueyrredón, el 10 de noviembre de 1834, durante el gobierno de Don Juan Manuel de Rosas. Educado en el Liceo de San Telmo, en 1846 fue llevado por su padre al sur de la provincia de Buenos Aires, donde se familiarizó con las faenas rurales y las costumbres del gaucho.
La lucha política caracterizó su vida. En 1858, junto con varios opositores al gobierno de Alsina emigró a Paraná, intervino en la Batalla de Cepeda y también en la de Pavón en el bando de Urquiza. Inició su labor periodística en el Nacional Argentino, con una serie de artículos en los que condenaba el asesinato de Vicente Peñaloza, publicados como libro en 1863, bajo el título de Vida del Gaucho. En 1868 editó el diario El Eco de de la segunda parte, "cuatro palabras de conversación con los lectores", abunda en la filosofía de la obra. También es interesante los comentarios de Miguel Cane, sobre la obra.
Corrientes y un año más tarde En el Río de la Plata, donde publicó artículos referidos a la cuestión del gaucho y de la tierra, la política de fronteras y el indio, temas que articularía literariamente en el Martín Fierro.
Participó en el levantamiento del Coronel López Jordán contra el gobierno de Sarmiento en Entre Ríos, y de regreso a Buenos Aires, en el Gran Hotel Argentino de 25 de mayo y Rivadavia, terminó de escribir El Gaucho Martín Fierro, editado en diciembre de 1872, por la imprenta La Pampa. Tras su onceava edición, en 1879 publicó La Vuelta de Martín Fierro. Fue diputado provincial y en 1880, siendo presidente de la Cámara de Diputados, defendió el proyecto de federalización, por el cual Buenos Aires pasó a ser la capital del país. En 1881 escribió Instrucción del estanciero y fue elegido senador provincial, cargo para el cual fue reelecto hasta 1885. El 21 de octubre de 1886 falleció en su quinta de Belgrano
A otros les brotan las coplas
como agua de manantial;
pues a mí me pasa igual;
aunque las mías nada valen,
de la boca se me salen
como ovejas de corral.
Que en puertiando la primera,
ya la siguen los demás,
y en montones las de atrás
contra los palos se estrellan,
y saltan y se atropellan
sin que se corten jamás.
Y anunque yo por mi inorancia
con gran trabajo me esplico,
cuando llego a abrir el pico,
tengaló por cosa cierta,
sale un verso y en la puerta
ya asoma el otro el hocico.
Y empresteme su atención;
me oirá relatar las penas
de que traigo la alma llena;
porque en toda circustancia,
paga el gaucho su inorancia
con la sangre de sus venas.
Despues de aquella desgracia
me refugié en los pajales;
anduve entre los cardales
como bicho sin guarida;
pero, amigo, es esa vida
como vida de animales.
Y son tantas las miserias
en que me he salido ver,
que con tanto padecer
y sufrir tanta aflición,
malicio que he de tener
un callo en el corazón.
El que sabe ser buen hijo
a los suyos se parece;
y aquel que a su lado crece
y a su padre no hace honor,
como castigo merece
de la desdicha el rigor.
Con un empeño constante
mis faltas supe enmendar;
todo conseguí olvidar,
pero, por desgracia mía,
el nombre de "picardía"
no me lo pude quitar.
Aquel que tiene buen nombre
muchos dijustos ahorra;
y entre tanta mazamorra
no olviden esta advertencia:
aprendí por esperiencia
que el mal nombre no se borra.
Extracto de Martín Fierro
Imaginario 21
Noviembre 2010
Para comenzar:
Seguimos apostando a la cultura. Entre otras cosas, reinvirtiendo permanentemente el dinero cedido por nuestros auspiciantes. Creemos que esta es la mejor manera de respetar su confianza. Su ayuda económica es fundamental para que esta publicación (que lleva dos años y pico de vida) se mantenga activa y, también, más atractiva visualmente. Calidad estética y contenido, bien pueden ir de la mano en una revista literaria cultural como la nuestra ¿no?
Es por esto que con enorme regocijo anuncio aquí que hemos mejorado, una vez más, la calidad del material físico. A partir de este mes Imaginario será impresa en papel ilustración (cuyo costo, digámoslo, es superior al anterior) y más cantidad de páginas.
Y esto no es un capricho de quien les habla; es una cuestión de reciprocidad. Creo fervientemente en eso: recibir y retribuir.
También, le damos la bienvenida a nuestros nuevos auspiciantes. Y me permito señalar lo siguiente: cada una de las personas y empresas que aparecen en el sector de las publicidades, no apuestan a la revista por cartel, sino porque se preocupan y apuestan sinceramente a la difusión cultural. Esto merece la pena remarcarlo.
Somos concientes de que aún nos queda mucho trabajo por hacer. Porque, recordemos, la cultura es una dama inquieta, tal vez lo más parecido a un Ave Fénix.
Y en su magia escénica se renueva constantemente.
Lisandro Bechir
Almas sin peso
Nada está mal perderse en ese, tu cielo de azul impoluto. Pero, hay alguien más. Deberías encontrar a alguien más para compartir esa confusión.
No existe tal pureza entre los colores. Almas sin peso, ni color, ni sabor. Sin todo lo esencial que hace a la hembra tal.
Deberías entender que solo cuando te pierdas a ti misma te hallaras por completo en otro.
Es como un espejo poliforme, oscilando entre cascadas de imágenes.
Las llamas te entibian los dedos cuando decaes en la persecución del disgusto por la permanencia absoluta.
Si me oyes es porque necesitas más de mi.
Es porque ese color no es tan azul.
Entre los colores de tu vestido hallaras más que tela y carne. Hay un ser vivo pretendiendo lo único que no puede poseer.
Sin embargo, las respuestas no están lejos de tu vestido. Y mucho más cerca de tu carne.
Dulcemente, despréndete de ambas. Yo haré lo mismo si así lo dispones.
De ese modo todo aquello que no llamaste vendrá para entregarte a ti misma en un ritual de nombres, donde podrás deletrear el tuyo entre los demás.
G.E.R
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Narciso
Narciso era hijo de la ninfa azul que se llamaba Liriope, a la que el dios fluvial Cefiso había envuelto una vez con los remolinos,y cuando la tuvo atrapada por las corrientes, la amo´. Le dijo a Liriope, a la mama´ de Narciso lo siguiente:
-Narciso, tu hijo, podrá vivir muchos años bajo la condición de que nunca se contemple a si mismo.
Parece que cualquiera podía enamorarse de Narciso porque era muy, pero muy hermoso. Cuando tuvo dieciséis años su camino estaba sembrado de amantes rechazadas. Siempre rechazaba cruelmente a las amantes que caían a sus pies. Tal era el obstinado orgullo que sentía por su propia belleza. Consideraba además, este muchacho, que nadie estaba a su altura para recibir su amor. Entre las enamoradas de Narciso estaba la ninfa Eco, y la historia de Eco es también interesante. Cuentan que ya no podía hacer uso de su voz; sino solo repetir lo que decían los otros (no tenia discurso propio). Entonces, tenía que esperar a que alguien dijera algo para emitir sonido.
¿Esta desgracia por qué le ocurría a Eco?
Por un castigo. Resulta que Zeus, el príncipe de los dioses tenía amores con unas ninfas y Eco era utilizada por Zeus para entretener a su mujer, Era, contándole cuentos mientras él se iba con las ninfas. Era se dio cuenta de lo que estaba pasando y dijo:
-Por haber ayudado a mi infiel esposo te condeno a que solamente hables para repetir lo que otros han dicho.
Un día que Narciso salió a cazar ciervos junto con sus compañeros, la ninfa Eco lo siguió de cerca por un bosque, tratando de no ser vista. Trato´ de hablarle, pero a causa de su castigo fue incapaz de iniciar la conversación. Finalmente, Narciso, viendo que se había alejado de sus compañeros grito´:
-¿Hay alguien por aquí?
-Aquí- respondió el Eco. Esto sorprendió mucho a Narciso porque no veía a nadie. Y grito´:
-¡Ven!
Y el Eco repitió:
-Ven.
Fin de la primera parte
Enviado por Silvia
Viejitos Lindos
Esta es una nueva sección que se nos ha ocurrido incorporar (con todo el respeto correspondiente a los demás autores) de textos breves de célebres escritores, además de una sucinta biografía (obviamente) de los mismos.
En esta oportunidad nos deleitaremos con una de las Aguafuertes Porteñas de Roberto Arlt, diseñadas por este admirable sociólogo de lenguaje coloquial (casi de barrio) y filoso. Típico caso del incansable transeúnte que todo lo observa y nada se le escapa.
Aguafuertes porteñas
Este libro recoge los artículos publicados por Roberto Arlt en el Diario El Mundo entre 1928 y 1933.
Se trata de una aguda crítica de Arlt, que transita sobre diversas cuestiones, como el origen de las palabras, el espíritu de la calle Corrientes o los problemas de Buenos Aires en la década del 30.
EL HOMBRE CORCHO
El hombre corcho, el hombre que nunca se hunde, sean cuales sean los acontecimientos turbios en que está mezclado, es el tipo más interesante de la fauna de los pilletes.
Y quizá también el más inteligente y el más peligroso. Porque yo no conozco sujeto más peligroso que ese individuo, que, cuando viene a hablaros de su asunto, os dice:
–Yo salí absuelto de culpa y cargo de ese proceso con la constancia de que ni mi buen nombre ni mi honor quedaban afectados.
Bueno, cuando malandra de esta o de cualquier otra categoría os diga que "su buen nombre y honor no quedan afectados por el proceso", pónganse las manos en los bolsillos y abran bien los ojos, porque si no les ha de pesar más tarde.
Ya en la escuela fue uno de esos alumnos solapados, de sonrisa falsa y aplicación excelente, que cuando se trataba de tirar una piedra se la alcanzaba al compañero.
Siempre fue así, bellaco y tramposo, y simulador como él solo.
Este es el mal individuo, que si frecuentaba nuestras casas convencía a nuestras madres de que él era un santo, y nuestras madres, inexpertas y buenas, nos enloquecían luego con la cantinela:
–Tomá ejemplo de Fulano. Mirá qué buen muchacho es.
Y el buen muchacho era el que le ponía alfileres en el asiento al maestro, pero sin que nadie lo viera; el buen muchacho era el que convencía al maestro de que él era un ejemplo vivo de aplicación, y en los castigos colectivos, en las aventuras en las cuales toda la clase cargaba con el muerto, él se libraba en obsequio a su conducta ejemplar; y este pillete en semilla, este malandrín en flor, por "a", por "b" o por "c", más profundamente inmoral que todos los brutos de la clase juntos, era el único que convencía al bedel o al director de su inocencia y de su bondad.
Corcho desde el aula, continuará siempre flotando; y en los exámenes, aunque sabía menos que los otros, salía bien; en las clases igual, y siempre, siempre sin hundirse, como si su naturaleza física participara de la fofa condición del corcho.
Ya hombre, toda su malicia natural se redondeó, perfeccionándose hasta lo increíble.
En el bien o en el mal, nunca fue bueno; bueno en lo que la palabra significaría platónicamente. La bondad de este hombre siempre queda sintetizada en estas palabras:
"El proceso no afectó ni mi buen nombre ni mi honor".
Allí está su bondad, su honor y su honradez. El proceso no "los afectó". Casi, casi podríamos decir que si es bueno, su bondad es de carácter jurídico. Eso mismo. Un excelente individuo, jurídicamente hablando. ¿Y qué más se le puede pedir a un sinvergüenza de esta calaña?
Lo que ocurrió es que flotó, flotó como el maldito corcho. Allí donde otro pobre diablo se habría hundido para siempre en la cárcel, en el deshonor y la ignominia, el ciudadano Corcho encontró la triquiñuela de la ley, la escapatoria del código, la falta de un procedimiento que anulaba todo lo actuado, la prescripción por negligencia de los curiales, de las aves negras, de los oficiales de justicia y de toda la corte de cuervos lustrosos y temibles. El caso es que se salvó. Se salvó "sin que el proceso afectara su buen nombre ni su honor". Ahora sería interesante establecer si un proceso puede afectar lo que un hombre no tiene.
Donde más ostensibles son las virtudes del ciudadano Corcho es en las "litis" comerciales, en las trapisondas de las reuniones de acreedores, en los conatos de quiebras, en los concordatos, verificaciones de créditos, tomas de razón, y todos esos chanchullos donde los damnificados creen perder la razón, y si no la pierden, pierden la plata, que para ellos es casi lo mismo o peor.
En estos líos, espantosos de turbios y de incomprensibles, es donde el ciudadano Corcho flota en las aguas de la tempestad con la serenidad de un tiburón. ¿Que los acréedores se confabulaban para asesinarlo? Pedirá garantías al ministro y al juez. ¿Que los acreedores quieren cobrarle? Levantará más falsos testimonios que Tartufo y su progenitor ¿Que los falsos acreedores quieren chuparle la sangre? Pues, a pararse, que si allí hay un sujeto con derecho a sanguijuela, es él y nadie más. ¿Que el síndico no se quiere "acomodar"? Pues, a crearle al síndico complicaciones que lo sindicarán como mal síndico.
Y tanto va y viene, y da vueltas, y trama combinaciones, que al fin de cuentas el hombre Corcho los ha embarullado a todos, y no hay
Cristo que se entienda. Y el ganancioso, el único ganancioso, es él. Todos los demás ¡van muertos!
Fenómeno singular, caerá, como el gato, siempre de pie. Si es en un asunto criminal, se libra con la condicional; si en un asunto civil, no paga ni el sellado; si en un asunto particular, entonces, ¡qué Dios os libre!
Tremendo, astuto y cauteloso, el hombre Corcho no da paso ni puntada en falso.
Y todo le sale bien. Así como en la escuela pasaba los exámenes aunque no supiera la lección, y en el examen siempre acertó por una bolilla favorable, este sujeto, en la clase de la vida, la acierta igualmente. Si se dedicó al comercio, y el negocio le va mal, siempre encuentra un zonzo a quien endosárselo. Si se produce una quiebra, él es el que, a pesar de la ferocidad de los acreedores, los arregla con un quince por ciento a pagar en la eternidad, cuando pueda o cuando quiera. Y siempre así, falso, amable y terrible, prospera en los bajíos donde se hubiera ido a pique, o encallado, más de una preclara inteligencia.
¿Talento o instinto? ¡Quién lo va a saber!
Del libro “Aguafuertes porteñas”
La sucinta
Hijo de un inmigrante prusiano y una italiana, Roberto Godofredo Christophersen Arlt nació en Buenos Aires, en el barrio de Flores, el 2 de abril de 1900.
Publicó El juguete rabioso, su primer novela, en 1926. Por entonces comenzaba también a escribir para los diarios CríticaEl mundo. Sus columnas diarias Aguafuertes porteñas, aparecieron de 1928 a 1935 y fueron después recopiladas en el libro del mismo nombre. Se divertía contando de sus amistades con rufianes, falsificadores y pistoleros, de las que saldrían muchos de sus personajes. Las Aguafuertes se convirtieron con el tiempo en uno de los clásicos de la literatura argentina.
Al mismo tiempo de su actividad como escritor, Arlt buscó constantemente hacerse rico como inventor, con singular fracaso. Formó una sociedad, ARNA (por Arlt y Naccaratti) y con el poco dinero que el actor Pascual Naccaratti pudo aportar instaló un pequeño laboratorio químico en Lanús. Llegó incluso a patentar unas medias reforzadas con caucho, que no fueron comercializadas, y al decir de un amigo, "parecen botas de bombero".
En 1935, viajó a España y África enviado por El Mundo, de donde salen sus Aguafuertes Españolas. Pero salvo este viaje y alguna escapada a Chile y Brasil, permaneció en la ciudad de Buenos Aires, tanto en la vida real como en sus novelas, Los siete locos y su continuación, Los lanzallamas.
Murió de un ataque cardíaco en Buenos Aires, el 26 de julio de 1942.
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