Imaginario 34




Imaginario 34
abril 2012

Para comenzar


      A prepararse que en el mes de mayo se vienen dos propuestas de espeso tenor: la Feria del Libro, en Buenos Aires, y el Festival Azabache en Mar del Plata. Por estos pagos, parece, (extraoficialmente) que recién en el mes de julio vamos a encontrarnos con las Jornadas del Libro. 
También están en marcha las inscripciones para los Torneos Bonaerenses, donde participan tanto grandes como chicos.
      También me gustaría agregar lo siguiente: en la Biblioteca Pizzurno, para aquellos que gustan de la lectura, existe un sector especial con libros de autores locales. No estaría mal para aquellos que se interesan por la cultura local, que se den una vueltita por allí y descubran que los balcarceños poseen un gran caudal de historia literaria.
Renovamos el agradecimiento a nuestros auspiciantes por facilitar que esta publicación continúe con su objetivo: promover la cultura.

Lisandro Bechir_



                      

                 

Tango 


Hombre que toma la grácil cintura

precediendo la vibración del cuerpo.

Temblor en el abrazo con la mujer. Se  derrama estilo.

Frente a frente selladas donde el retumbo del corazón

se repite en golpes paroxísticos.

Es un instante. Huye el temblor, los  enlaza

                                       sin máscaras

el ritmo cadencioso, melancólico y sensual.

Se esquematizan quejas,

                                               vivencias

Se detienen en un tiempo de notas.

Olga Tasca de Pardo ( del libro … y son realidades)

ANQUILOSADO  

ANQUILOSADO Y RECALCITRANTE
ESCRIBIO A SU PROGENITOR MUERTO
PALADEO EXQUISITECES VARIAS VECES
Y LEYO LA HISTORIA DE SU PADRE.
MARIPOSAS ENHIESTAS
SOBREVOLARON LAS CALVICIES
Y EL LLAVERO SIGUIO EN LA MESA
IMAGINO TIEMPOS PASADOS
EXCAVO SU TUMBA PROSAICA
Y DESCENDIO SU AUTOESTIMA.
TRANSCRIBIO COMO HABITO INFINITO
INSCRIBIO CUAL TROGLODITA
INCONSCIENTEMENTE POESIA.
SE INMOLO Y PROCLAMO A LOS CUATRO VIENTOS

QUE ERA INMORTAL…
CIMENTO UN IMAGINARIO
DE CORCELES LOBREGOS
DE COCTELES DE MELANCOLIA.
LLORO SU ESTAMPA
FILETEO SUS CARNES ROJAS
Y ESTAMPO OSCULOS OSCUROS.
                                      H.  Aníbal González

FÁBULA DE LA “Z” Y LA “S  


Y así, comenzaron a llegar los invitados a la fiesta. Se trataba del evento más importante de la Alta Jerarquía en Lingüística y Oratoria. Esta vez, los invitados eran exclusivos. Eran los que formaban parte del último discurso del rey.
En un instante, ante  una torpe distracción del portero, una letra indiscreta se infiltró.
Tal vez cansada de ser poco incluida en textos, discursos y demás; aparte de ser fonéticamente ignorada, decidió inmiscuirse en la fiesta, con la invitación de su prima, cuya "voz" es muy parecida. Aprovechando la distracción de la anfitriona, recorrió parte del lugar e interactuó con los demás invitados, pero no tuvo en cuenta que uno de ellos era un erudito en letras que advirtió a la dueña de la fiesta. Cuando se le solicitó su identificación, salió a la luz lo que había hecho. Su explicación fue: "no soy valorada como corresponde. Tengo poca participación en el lenguaje y no reconocen mi sonido natural, confundiéndome constantemente con mi prima S".
La anfitriona, considerando su discurso le dijo: "entiendo tu planteo, valés tanto como cualquiera de los demás invitados. Aún así, te doy la bendición y el privilegio de tener protagonismo en innumerables apellidos y nombres propios. Tu letra será escrita con mayúscula y serás nombrada y reconocida todos los días en escuelas, clubes, instituciones, empresas, organismos públicos, etc. La "Z" finalmente se fue feliz y contenta. La anfitriona logró su objetivo: quiSo demostrar que nadie necesita hacerse pasar por alguien para valer. Cada uno vale oro y brilla con luZ propia. Lo importante es no encandilarse y envidiar el brillo de los demás.
                                                                              M


Llanto de niño 
 

     Los árboles se retuercen por la acción del viento como un sueño convulsivo.
El cielo rocía una fría llovizna sin color. Alzó la vista y distinguió una especie de galpón herrumbroso. Un refugio.
Su mirada era inquieta, explorativa.
Las voces, de momento, habían desaparecido. Sin embargo, los lúgubres recuerdos próximos, lo tocaban como espectros ciegos.
Empapado, desesperado y fugitivo, comprobó si aún llevaba el amuleto. Para algo tendría que servir.
Transparente de miedo, escuchó a los perros y sus ladridos lejanos. Casi podía verlos, olerlos; desorientados, extraviados. Un conjunto de cazadores demiurgos intentando, una vez más cercar su huída.
El enemigo, el otro, continuaba buscando también. Acechaba con su llanto de niño.
El solo recuerdo de ese cruel sonido le erguía la piel.
Los hombres lo buscaban para volver a encarcelarlo por un crimen del cual era inocente. Al menos, sólo cómplice.
El otro, ese demonio con forma de bestia aniñada traía otras intenciones. Deseaba habitar en él, dividirlo.
Y el hombre sabía que eventualmente aquello iba a suceder.
La irremediable bestialidad del hombre anormal gozaría una vez más de su privilegio original.
La lluvia gritaba y reía presa del pánico que sentía; sus lágrimas golpeaban a manotazos las chapas del techo, ahora, más parecido a un lecho de muerte que a un oportuno refugio.
Imposible encontrarse lo suficientemente seguro  o humano para no exaltarse ante la idea de que su plenitud espiritual estaba a punto de ser profanada.
Vacilaba. No se decidía a salir.
Un raro sentimiento de pérdida le llegó a la boca, faltándole el aliento.
Pataleó, abriendo grande los ojos como quien pretende comprender, ver más allá.
Pero,  no sintió más que una sonrisa de muerto dibujándose, tenaz, en sus labios.
Tan silenciosa como llegó a él, la locura ocupó su lugar haciéndose cargo del resto de sus días.

Lisandro Bechir



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