Imaginario 30




Imaginario 30 Agosto 2011

 Para comenzar

A un mes de nuestro tercer aniversario,  le damos las gracias a todos aquellos que nos saludaron por ese motivo y a todos aquellos que leen siempre la revista, y no lo hicieron.
Pasando a otro tema, las labores culturales en nuestra ciudad son numerosas, constantes y extraoficiales; dejando así,  claramente expuesto el interés de muchos de nuestros ciudadanos por mostrar sus diversos intereses, una fuerza no anclada a un presupuesto siempre escaso. Y esto es admirable. No flaquear. Porque no todos flaquean, no todos pululan en la sociedad sin ningún tipo de reacción.
La cultura continúa su marcha empedernida. Y eso es sano. Lamentablemente, hay mucha gente inmune, gente que debería, por sus actividades cotidianas,  involucrarse en estos emprendimientos. Pero, bueno…
Inocular cultura es una tarea ardua. Sobre todo cuando el virus de la indiferencia se mantiene (contradictoriamente) siempre alerta.

Lisandro Bechir


La balanza del amor 

Estaba en el octavo piso, el taxi de la vuelta no me había querido llevar a casa, y la sombra del edificio de enfrente se enroscaba en mis ojos como una luciérnaga muerta.
Miré hacía abajo el disturbio silencioso de una ciudad demente, froté la baranda, y vi por última vez caer el sol detrás del oscuro mar.
¿Se puede saber cuánto va a costar mañana el kilo de tomate? ¿Ella sabría que la había amado con todo lo que cuesta ser idiota en este mundo? ¿Y si mañana los precios suben, y ella no sabe lo que la amé y aun la amo? ¿Cuánto cuesta el amor?
La verdad, no lo sabía.
Me saqué las zapatillas, la remera, sonó las campanas de las seis… Y me deslicé como un gato en la cornisa hacía el precipicio que me llamaba tumbándome de espaldas.
Hacía frío, y el olor del puerto no me dejaba respirar a medida que el suelo se acercaba a mi cara
.


Santiago Ortigosa

                                  Tiempo usado

Este veneno en los sueños no puede construir nada.
Pero a la vez es n punto sin razón, un margen.
Tengo un juguete roto en las manos.
un ser amado sacado a destiempo de mis pesadillas.
Reina el azul en el cielo iluminado.
Y me pregunto si los minutos de cada día
serán como fotografías de Polaroid.
Porque hay tiempo usado, mal usado,
como una vieja estrella que se apaga
o un nombre que se olvida al final del día.

Julio Barnes



Bohemio

Corría el año 60 cuando llego este forastero al barrio de San Telmo. Se ocupo de buscar una habitación en algún hotel de la zona y consiguió en uno que alquilaba las habitaciones y ahí se alojo. Casi nunca se lo veía de día. Siempre salía a caminar al anochecer o ya de noche. Nadie sabe de donde es. Algunos dicen que llego de algún lugar de Misiones, otros que es chaqueño, pero a ciencia cierta nadie sabe quien es. Los vecinos del barrio le pusieron el apodo de “El bohemio”, aunque algunos lo llaman Don Jorge. No se sabe cual es su habilidad. Alguien lo trato dijo que fue puntero político, ahora  venido a menos. Por eso rumbeo para la Capital. Siempre se lo ve solitario, de noche, sin compañía. No se le conoce amistad femenina. Siempre rechaza alguna invitación de los vecinos del hotel donde se hospeda. Se dice que de noche se dedica a visitar los perembundines de la zona. Siempre anda bien vestido y los zapatos bien lustrados, es muy educado y con la sonrisa a flor de labios. Siempre se entrevera en algún bailongo. Le gusta mucho el tango, por eso el apodo de “El bohemio”, pero no le gustan las peleas; no discute casi nunca y si insisten en provocarlo, da media vuelta y desaparece. No se le conoce amor alguno. Por eso el mote de “El bohemio”. El dice que no tiene familiares, que anda solo por la vida y los caminos de Dios.
Ha pasado un tiempo y al Bohemio no se lo ve. Todos preguntan por el, pues y no se lo ve caminar por las calles de San Telmo al anochecer. Una vecina del lugar fue a visitar a un familiar que estaba internado en el hospital de Avellaneda y grande fue la sorpresa de la mujer  dado que, al lado de su familiar, en otra cama, estaba el Bohemio, con la barba bastante crecida y todo el pelo revuelto. Ya en los últimos días de su vida. Llego la enfermera de turno y la mujer le dijo: “Yo a ese hombre lo conozco en el barrio. Lo llamamos El Bohemio, y otros le dicen Don Jorge. “La enfermera le contesto: “El dice que esta así por culpa de un amor no correspondido y prefiere morir ante la negativa de esa mujer.”
A los pocos días falleció.
Comentan algunos que visitan el cementerio que siempre, en la tumba de El bohemio, hay un ramo de rosas blancas.
¿Serán de aquella mujer por la cual murió, las rosas que están en su tumba?
Unos dicten que murió de amor. Otros, que lo envolvió un perfume de mujer.

El sureño


0 comentarios:

Entrada más reciente Entrada antigua Inicio

Blogger Template by Blogcrowds.