Junio 2009
Sin luz
Se han ido de mí los ojos a vivir otro camino
en el cual la oscuridad es su destino.
Se han ido de mí los ojos por un camino escondido…
Vaya a saber dónde están estos ojos míos
que se han perdido caminando sin sentido
y buscando a ese querer que en lágrimas han vivido.
Se han ido de mi los ojos vaya a saber por que camino,
solo sé que oscuridad es su destino.
Y yo me quedo en penumbras pues mis ojos se han ido.
Y yo me quedo en penumbras buscando lo que era mío.
Y aunque ya no encuentre nada e la oscuridad en la que vivo,
recordaré aquel amorque en lágrimas he vivido.
Que triste fue mi destino.
Se me ha ido el corazón e el amor de mi vida,
y mis ojos lo han seguido.
Nilda Norma Scarvaglieri
Luminoso esplendor
El alba del amanecer
despierta los cálices
rojizos de la rosa
los pequeños ruiseñores
trinan melodías suaves
cautivan el jardín encantado.
Una paloma blanca
hechiza la glorieta de glicinas,
las fragancias de los jazmines
abrigan los sueños de mi corazón.
Su esplendor luminoso
abraza mi alma
brinda una calidez mágica
a la piel sedosa.
Destellos incandescentes
embriagan mi vida inquieta,
y las ilusiones fugaces
son estrellas brillantes
son luces de mi mar interior.
Luana Miranda
Sueño
Cuando era una niña
soñé que volaba, que en una montaña de cumbres nevadas
anidaba un cóndor que allí me esperaba.
No soy esa niña
no quiero quimera, yo quiero tener ilusión verdadera.
Si volviera esa niña vivaz y traviesa
saltando en el campo bríos y risas
quizá no estaría esperando en vano.
Las alas plegadas volando asombrada
sobre esas montañas de cumbres nevadas.
He vuelto al presente sabiendo muy tarde
que el tiempo que pasa es como un espejo
refleja tu imagen y es como si tu alma
regresara asustada trayendo recuerdos de cosas pasadas.
Yo miro azorada buscando a esa niña
con alas plegadas detrás de aquel cóndor volando muy alto
dejando una estela de tenues reflejos.
Yo busco ese sueño en tiempos lejanos
vislumbro asombrada
la imagen alada detrás del espejo.
Rosalía Díaz
Lluvia en el monte
En una noche cualquiera
En el monte, mi refugio
La tormenta se convierte
En mi compañera.
Se iluminan los cerros
Como alardeando belleza
Y las gotas ya maduran
Una tristona baguala.
¡Qué afinados cantan los robles!
¡Cómo entonan los eucaliptos!
El aire es aroma del alba
Y en el concierto improvisado
Llena huecos la memoria:
Noches de primavera
Cuando alguien tocara
Una canción parecida.
Al abrigo del aromo
Voy uniendo los pedazos
De otras lluvias ya lejanas
De otros cantos escondidos
Moja el agua con respeto
Como si fuera su destino
Ya sospecho que comprende
Lo que siento ante su ritmo.
Esta lluvia es otra lluvia
Que regresa cada tiempo
A pulsar las viejas cuerdas
A cantar conmigo.
Este canto es otro canto
Que regresa siempre a tiempo
Se desliza por las cuerdas
Para quedarse conmigo.
Siempre me guía la lluvia
A escribir vanas ideas
En un efímero intento
Por atrapar su misterio.
Cuantas veces cante el agua
Tantas serán mis desdichas
¡Pasa, tormenta, y no vuelvas
Que otra lluvia no resisto!
¡Pasa, tormenta, y no vuelvas
Que otra lluvia no resisto!
Gustavo De Gerónimo
Campo de concentración
2º Guerra Mundial
Campo de concentración Nazi.
Sigilosamente Abraham salió del edificio donde estaba hacinado junto a otros cientos de hombres, todos de raza judía.
La noche cerrada ocultó su figura delgada que se escurría, milagrosamente, escapando de los guardias apostados por doquier.
Orientándose, como pudo en medio de la oscuridad, llegó a la barraca donde estaban las mujeres.
Habían sido traídos al lugar hacía ya muchos días. Familias enteras.
Pero nada más entrar los separaron en tres grupos: mujeres, niños, hombres.
Cada grupo fue llevado a un edificio gris, donde lo único que se distinguía era la puerta de entrada y un par de minúsculas ventanas, situadas muy altas y protegidas por barrotes.
Nunca más volvieron a verse entre sí.
Tanteó el suelo con las manos hasta que halló una piedra y, con ella fue golpeando la pared del
Sara…-llamaba sin gritar, con la esperanza que del interior lo escucharan.
Reuniendo las pocas fuerzas que tenía continuó llamando y golpeando en uno y otro lugar.
En el interior una joven levantó la cabeza al escuchar los golpes.
Arrastrándose entre la suciedad y los cuerpos de las otras mujeres, llegó hasta el lugar donde sonaban los golpes.
Al no encontrar con que devolver el ruido, golpeó con la palma de su mano para ser escuchada desde afuera.
-Sara…
-¿Abraham?
-¿Sara? ¡Al fin!
-¿Cómo has llegado?
-Escapé y los guardias aún no me han visto. Sara… ¿Qué harán con nosotros?
-No lo sé ¿Nuestros niños?
nuestros hijos y escuchar sus risas…-dice el hombre entre sollozos.
-Yo también. Oí decir que mañana nos llevarán para darnos un baño y limpiar este lugar…
-Sí, lo he oído. Tal vez…nos dejen libres…- se esperanza.
A lo lejos se oyó los ladridos de varios perros.
-Me han descubierto. – señaló el hombre-Te amo Sara.
-Te amo Abraham…
Hubo ruido de golpes y palabras en alemán, después el silencio.
Sara se recostó contra la pared y quedó mirando el vacío negro que todo lo envolvía, junto al sonido de interminables quejidos y lamentos de sus compañeras de infortunio.
Apenas despuntaba el alba, cuando la interminable fila de mujeres por un lado y hombres por el otro, era conducida, por soldados alemanes, hacia sendas construcciones enormes y cuadrados. En medio de cada uno de ellos, una enorme chimenea despedía humo negro, y el hedor a carne quemada era irrespirable.
Eran los baños.
Entraban en grupo de diez personas, que no salían.
Entraban en grupo de diez personas, que no salían Cada persona, de la larga fila, estaba desnuda y rapada. Tratando de cubrir con sus manos su vergonzante desnudez.
Habían sido despojados de su identidad y de su dignidad.
La mirada de Sara recorrió la larga fila de hombres hasta que encontró a su esposo. El rostro de este estaba amoratado e hinchado. Los labios partidos dejaban ver que faltaban varios dientes.
A juzgar por la hinchazón de un brazo, el mismo sufría una quebradura. Y su cuerpo mostraba innumerables golpes.
Los ojos de ambos se encontraron y fue como si a la distancia compartieran un abrazo, su lazo de amor.
Mantuvieron la mirada fija uno en el otro hasta que, ambos al mismo tiempo, traspusieron las puertas de los “baños”, mientras las chimeneas gigantes continuaban vomitando humo negro y olor a carne quemada.
Nunca volvieron a salir.
Claudia Fernández
Dos
Mirarte / mirarme
Abrazarte / abrazarme
Besarte / besarme
Acariciarte / acariciarme
Sentirte / sentirme
Desearte / desearme
Desnudarte / desnudarme
Tocarte / tocarme
Penetrarte / penetrarme
Buscarte / buscarme
Encontrarte /encontrarme
Entregarme/ entregarnos
Descubrirte / descubrirnos
Fundirme / fundirnos
Amarte / amarnos
Teresita Vago
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