Noviembre 2009
Prólogo Imaginario
Esta revista está hecha con la finalidad de compartir una pasión en común: la literatura. Es por este motivo que la hacemos juntos; ustedes mandan sus textos o leen los de sus coterráneos imaginarios y nosotros, desde acá, ofrecemos el espacio gratuitamente.
Nos enorgullece ser parte de la difusión cultural. Es nuestro granito de arena.
Hace mucho tiempo que venimos trabajando juntos fortaleciendo este objetivo. Por eso quiero, desde acá, agradecer su perseverante compañía, tanto a escritores, lectores, como a los anunciantes que apuestan para sostener a la tan desvalida cultura.
Lisandro Bechir
Derrota
Un día un chico supo que quería cambiar de personalidad. Entonces habló con Dios. Este le dijo que había una sola forma de hacerlo. El chico le preguntó si sería correcto, si no sería egoísta al hacerlo, que él pensaba en sus seres queridos, a pesar de todo. Dios le dijo sin rodeos:
- Niño, no te exonero de toda culpa.
Pero este no conforme, lo acusó descaradamente
-Lo que tú no quieres es hacerte responsable de tú error. Sólo quieres salvarte a ti mismo, y estás llevándome a perder mis esperanzas. Dios nunca respondió. Y nadie pudo volver a hablarle jamás.
Me Encontré frente a una casa. Una imagen registrada en una milésima de segundo. En tan corto tiempo, esta me envistió violenta y brutalmente. Ahí estaba yo congelando el tiempo, y sintiendo correr por mi cuerpo esa extraña sensación paranormal de temor mezclada con desequilibrio. La casa era austera, se encontraba deteriorada y parecía remitir a los años treinta. Un pequeño patio la separaba de la línea municipal. Un árbol en este oprimía el acceso a la vivienda y teñía su entorno con un musgo de ya varios años. Un plano horizontal sobresalía y cubría la puerta dando carácter a la construcción, cuales cejas al rostro humano. Ella me miró, me ordenó, me impuso, me obligó a cambiar.
Me dijo sin ningún problema al hacerlo como debería proyectar yo las viviendas en el futuro, en mi carrera profesional. Al diablo todo lo aprendido en la universidad, desde ahora en más todas mis casas deberían ser como esta. Ese aire de opresión del patio de acceso intensificaba la orden dada. Ya nada sería simple y pulcro. El juicio de quien estaba detrás de esto, si es que se puede decir alguien, o si en verdad algo acechaba tras la intensa fachada, era insano al obligarme a cambiar la forma de ver las cosas. Poco y nada le importaba. Pero yo me preguntaba si era acaso esto posible. ¿Esa actitud tan irreverente y descarada dónde podía encontrarse?
¿Siquiera un humano sería capaz de tal atrocidad? Cierto es que inmóvil no encontraba solución y no podía escapar. La imagen de la casa, estática, se grababa cada vez con más fuerza en el fondo de mi mente, y yo inaudible seguía intentando encontrar respuesta alo ocurrido.
Quise entender lo que pasaba. ¿Tendría esto un final? ¿Cómo podía salir de la situación? ¿Cómo estaba yo tan seguro de que algo estaba detrás de todo esto? Todo ese clima misterioso, me dejaba desnudo, inmerso en un bosque inhóspito e irreconocible para mí, esas perfectas fallas, en los detalles… ¿Qué quería? ¿Podría tener yo contacto con un objeto carente de vida?
Estos pensamientos me fueron alejando el temor de mi cabeza. La intensidad y presión de la extraña vivienda seguían presentes. Pero era yo el que no podía percibirla de igual forma como hacía unos momentos.
Y creció en mí una presión que me alejaba, me hacía olvidar. Pero que a su vez me dejaba impregnada la magnitud de la fuerza sobrenatural con la que había chocado.
Me encontré caminando de nuevo y sin intención de avanzar. Quería saber más sobre todo esto. Entonces le pregunté a Dios: -¿Puedes hacerlo de nuevo? ¿Puedes volver a poner una imagen en mi mente y volverme loco como lo acabas de hacer? Pero no obtuve respuesta.
Pasó un tiempo, mientras seguí mi rumbo y me pregunté a mi mismo ¿Me habrá escuchado? ¿Podría obtener una respuesta? Y de repente en el interior de mis oídos, a una voz oí decir:- La respuesta no es sencilla, a lo que realmente preguntas. Los rasgos de mi rostro se alinearon a una cara de espanto. Me detuve intranquilo, sorprendido. Mas no tuve que preguntarme de quien era esa voz. De he4ch lo supe desde un principio. Tampoco me pregunté si era posible, ya que era conciente de lo que estaba sucediendo. Pero mi pregunta fue: ¿Acaso va a disponerse a contestar mis preguntas? La voz interrumpió mis pensamientos nuevamente, y con un tono de impaciencia por haber estado esperando, dijo: - Puedo hacer, como te imaginarás, todo lo que me plazca. Pero en este espacio y tiempo, todo se rige por leyes.
Y yo comprendí que el clima invitaba al diálogo y pregunté:
-¿Pero quieres decir que podrás repetirlo?
Y supe que no era realmente algo que quería saber.
-Tú no te interesas en lo que yo deseo hacerte ver.- respondió El.
-¿Cómo que no?- dije.
ansias y manías- reprochó El.
-Pero así soy y debería ser aceptado.
-No es inteligente lo que dices, no estás viendo las cosas como debes. ¿Acaso no puedes reconocer por qué puse esa casa frente a ti?
-Sí. Quisiste que encuentre algo en ella.
-Exacto, pero tus pensamientos y tus divagues te alejaron de ella. ¿Acaso eres ciego o tonto para no ver una señal?
-¿Quieres decir que fue una señal?
Y con esa inútil pregunta comprendí que yo no era esa persona inteligente que me consideraba. Sin dejar de lado que el lenguaje utilizado por Dios era en si simple para que yo le entienda. No obtuve respuestas, lo imaginé. Y pensé un instante esta vez, antes de volver a abrir mi boca.
-Quiero saber más- dije.
Intentando librarme del peso de formar una pregunta elaborada y delegando tal presión a El.
Pero no conforme con esto dije:
-Sé que debo cambiar, Dios. Pero, necesito saber cómo.
Ya empezaba asentir la aceleración en el tiempo en que mis oraciones salían de mi boca.
-Siempre quise ser mejor, distinguirme, no ser un simple humano. Me contento de esta situación.
Con intensidad y casi sin pensar realmente lo que decía, seguí:
-Sé que la estuve esperando. Sé también que estaba destinado a esto. Cuando la casa me habló sabía que era solo a mí y no podía ser a otra persona. Sé que soy único, Dios. ¡Contéstame! No me dejes solo. No con estos mortales. No puedo soportarlo.
Y empecé a asentir síntomas de desgano y cansancio, luego una terrible jaqueca, que se hacía más intensa a cada segundo y aumentaba precipitadamente. Sentía un cinturón alrededor de mi cabeza, ajustándose, Sentía la hebilla fría en mi frente siendo rozada por el cuero.
De repente la ciudad comenzó a llenarse de niebla, nada podía divisarse a más de cincuenta metros. Todo sucedió tan repentinamente. El olor de la humedad, las partículas de agua en el aire chocando contra todos los objetos, generándose un ambiente pegajoso, sucio y desagradable. Me sentía en un jungla llena de insectos caminando en el suelo donde yo pisaba. Todo se tornó confuso, tortuoso, opresivo, agobiante. Las paredes llenas de plantas silvestres que parecían estar vivas y brotar de la misma, se me abalanzaban. No me animaba siquiera a apoyar mis manos en ninguna superficie.
Mientras las luces y las sombras jugaban con la realidad, el joven gritaba con todas sus fuerzas, pero ningún sonido podía percibirse en la escena. La derrota se hizo presente y la niebla no se fue. Dios no tuvo piedad. Incomprensiblemente, para cualquier mortal, tomó revancha de si mismo. Se odió. Nunca alzó sus luces. Fue una sombra llena de venganza. La niebla hizo al sujeto imperceptible.
Sin explicación las flores abrieron en invierno.
Sebastián Gril
Las manos
Manos que acarician los rizos de su amada.
Manos que cortan un manojo de rosas para regalar.
Manos que se alzan ante la injusticia.
Manos que se estrechan en un fuerte abrazo con un amigo.
Manos que se aferran a las clinas de un potro para poderlo domar.
Manos que se alzan para festejar un gol de la selección nacional.
Manos que se aferran al izar el pabellón nacional.
Manos que se aferran a un volante para manejar un camión o un tractor o una cosechadora para levantar las cosechas.
Manos de un cirujano para salvar una vida.
Manos que se juntan para rezar una misa y darle gracias a Dios.
Manos que se levantan para que paren las guerras en el mundo.
Manos para acariciar alguna mascota.
Manos que se alzan para acariciar un niño.
Manos para ayudar a un ciego a pasar la calle.
Manos que acarician el rostro de una madre.
Manos que se alzan para pedir la paz del mundo.
El sureño
Premio Nobel de Literatura 2009
"El Nobel no me causa ningún miedo; lo de abandonar esta profesión se me ocurre después de cada libro que termino, pienso que será el último, que ya basta. Así que hay cosas peores. Cuando me ponga a freír un huevo o vaya a comprar patatas no iré en calidad de premio Nobel".
La autora rumano-alemana Herta Müller recibe el reconocimiento por una obra en defensa de las minorías y contra los totalitarismos - Fue perseguida por Ceausescu.
Herta Müller nació el 17 de agosto de 1953 en Nitchidorf, en
Formó parte del Aktionsgruppe Banat, una tertulia de escritores idealistas rumano-alemanes. Trabajó como traductora técnica entre 1977 y 1979 en una fábrica de maquinaria, pero fue despedida en 1979 por no cooperar con
En 1987, Müller marchó a Alemania con su marido, el novelista Richard Wagner. Hizo algunos lectorados en universidades alemanas y de otros países en los años siguientes y fijó su residencia en Berlín. Es miembro de
Herta Müller destaca por sus relatos acerca de las duras condiciones de vida en su país bajo el régimen comunista. Recibió premios, como Adam-Müller-Guttenbrunn (1981), Kranichsteiner (1991), Franz Kafka (1999) y Fundación Konrad Adenauer (2004).
Sus obras han sido traducidas a 21 idiomas. Destacan: Barfüsiger Februar (1987), Reisende auf einem Bein (1989), Herztier (1994), Heute wär ich mir lieber nicht begegnet (1997), Die blassen Herren mit den Mokkatassen (2005) y Atemschaukel (2009).*
Frases
El escritor escribe su libro para explicarse a sí mismo lo que no se puede explicar.
Gabriel García Márquez
En mi época no había best sellers y no podíamos prostituirnos. No había quien comprara nuestra prostitución.
Jorge Luis Borges
Quien escribe lo que le gusta a los demás puede ser un buen escritor pero nunca será un artista.
Juan Carlos Onetti
Como todos ustedes saben, no hay ningún escritor que escriba todo lo que piensa, es muy difícil trasladar el pensamiento a la escritura, creo que nadie lo hace, nadie lo ha hecho, sino que, simplemente, hay muchísimas cosas que al ser desarrolladas se pierden.
Juan Rulfo
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