Desmalezo palabras
cubriendo ríos blancos
para descubrirme.
Y pernoto entre líneas
que claman razones.
Se torna indócil
cada sílaba para comprenderme
y funden los silencios
estas letanías
de ripio que asoma.
Decir de vientos,
bajo la dimisión
de sentimientos,
que segregan latidos
de grandes pasiones.
Destejo los días
que permiten llevar
conmigo mi estigma o
mi oda de miedo.
Estoy aquí sosteniendo
mi fuerza y
esa resistencia
deja plasmar los cantos
singulares de aciertos.
Mi mano es escribiente de mi corazón…,
ya no hay playa para mis soles, digo.
Aún así estoy en paz
porque he amado las letras
y vencí al tiempo.
Liliana Espósito Agüero
Cuando una de estas noches escuchás mi voz
en la copa de los árboles o… tal vez
en el entrecerrar de una ventana
y… yo te hable de ti, y tú te confieses ante mi
sabrás que yo sin ti no existiré.
Palabras de “El viento”
Yo soy el viento
Susurro del viento
que en este momento aprietas mi pluma con tanto fervor.
Y así yo, expresar lo que estás diciendo con tanto dolor.
Dices que el mundo entero vive sin saberlo,
que el tiempo infinito ya no tiene tiempo
de pasar el tiempo que no puede ser.
Ser indefinido es igual que el tiempo.
Si, yo soy el viento, y te digo tantas cosas simples
que no puedes entender.
Pues yo tengo tiempo y solo soy un susurro suave.
Aprieta tú pluma ya que en mis caricias te cuesta creer.
Si, yo soy el viento.
¿Por qué te preocupas? ¿Acaso no te inquietas al escuchar mi voz?
Cuídame, por favor. Yo dependo (aunque no lo creas) de vos.
El planeta que habitas con tantas sorpresas
se llena de magia en tú transitar.
Pero, cuídalo mucho.
Hay muchas cosas de las que tú inventas
que me hacen perturbar.
Por favor, vivamos juntos.
No contamines mi tiempo
y mis caricias siempre te acompañarán.
Juan Carlos Sagastuy
Sonido del alma
Me gusta estar en el agua mirando la luna y en el anochecer sentir el sonido que dejan los pájaros.
La paz comienza y con una suave caricia dejo a un lado todo el peso que día a día fui acumulando. Mañana tendré otro día y lo convertiré en el mejor.
Ya sé quién soy, me encontré conmigo y me presenté con un lindo papel de regalo y un moño gigante, con una tarjeta que decía: disfruta del contenido, repartí lo mejor de vos y compartilo con mucho amor.
Cris Borao
Amistad
Un amigo es un abrazo,
una palmada en la espalda,
un llamado a tiempo.
Un reto al oído.
Un fin de semana compartido.
U amigo es…
Una verdadera razón
para estar vivo.
Es un café de madrugada,
un buen mate amargo
entre un hijo y otro hijo.
Un amigo es…
Todo.
Un secreto en común.
Una fiesta compartida.
Un problema de dos,
una simple mirada;
una ropa prestada.
Si uno tiene un amigo,
tiene vida.
Tiene alegre el alma.
Marina Ibarlucea
Trapito: la historia
Trapito es un chico humilde a quien sus padres mandan a trabajar para ayudar a sus hermanitos menores. Trapito se ganó el apodo por los vecinos del barrio donde él vivía, porque todos los días el pasaba con el balde para el agua, el secador para limpiar los parabrisas de los autos y con sus trapos colgando del bolsillo de su pantalón corto.
Los padres de Trapito son adictos al alcohol. El no sabe leer ni escribir, porque según sus padres piensan, para que concurrir a la escuela si es mejor que trabaje.
Trapito se para siempre donde hay algún semáforo y ofrece sus servicios por unas monedas que le da la gente. El siempre anda con su sonrisa y cada vez que lo ayudan agradece a las personas, diciendo:-“Que Dios lo bendiga”.
Todos los días sale muy temprano de su casa y vuelve de noche con las monedas que juntó y se las da a su madre para que compre algo para sus hermanos y cuando no lleva nada, hasta le llegan a pegar por no tener dinero para el vino. Así transcurren los días de Trapito que se gana la vida trabajando para ayudar a la casa, y la mayoría de las veces no se lo agradecen.
Un día Trapito estaba parado junto al semáforo, como todos los días, y para un auto, al cual le ofreció limpiar el parabrisas y la señora que lo conducía le dijo que si. Al terminar la mujer le dio dos pesos y Trapito le agradeció de todo corazón. Trapito va a cumplir 14 años y cuando no puede limpiar parabrisas porque llueve, sale a pedir por las verdulerías y alguna carnicería con el objetivo de conseguir algunos huesos para hacer alguna sopa para sus hermanitos que siempre lo están esperando en la vereda de la casilla donde él y su familia viven.
A los pocos días, la mujer que le regaló los dos pesos pasó de vuelta por donde estaba Trapito y le preguntó. –“¿Cómo te llamas?”, y aquél dijo:-“Todos me dicen Trapito”, y la señora volvió a preguntar:- “¿Trapito, no vas al colegio?”, y este contestó:-“No sé leer, ni escribir”. Inmediatamente la señora expresó:-¿Te gustaría aprender a leer y escribir?, y Trapito le dijo que si. Ante esto, la señora le dio una dirección y le indicó:- “Mañana a la tarde te espero, no me falles”, sin embargo, él enseguida contestó:-“Pero señora, yo no tengo plata para comprar los útiles para ir al colegio”.-“No te hagas problema, te los compro yo, te voy a ayudar a estudiar”, exclamó la mujer.
Trapito llegó muy contento a su casa y le dijo a sus padres que una señora lo iba a ayudar a estudiar, pero a éstos no le gustó mucho la idea. Sin embargo, Trapito comenzó a ir a la escuela.
Con el tiempo, con 20 años cumplidos, ingresó a la facultad de medicina, y con mucho esfuerzo y la ayuda de esta mujer que lo rescató de la calle, se recibió con las mejores notas y obtuvo un diploma de honor. Trapito es ahora el doctor Mauricio López.
Por eso cuando un chico te pida una moneda, no lo discrimines, porque puede ser un Trapito, como el de esta historia.
El sureño
La muñeca de la pared
su vestido alegre, su sombrero violeta
me susurra no se que de vidas pasadas
con su boca muda y su sonrisa quieta.
Un paso de baile en la pared adelanta
y sus ojos me miran como insatisfecha
de estar entre el cielo y la tierra de mi pieza vacía
con sus manos abiertas y sus rubias trenzas.
Me asusta el mirarla. Hay de mí en ella
el mismo estatismo que melancólico enseña
un desierto alegre o el infierno de tela
del recordado rostro de la que amé con locura
y en la tumba está. Como ella, tan quieta;
tan ausente, tan lejos de poder alcanzarla
y ahora perdida entre el cielo y la tierra.
Un cielo de nubes que el poniente abrasa
y una húmeda tierra que no la recuerda.
Colgando en leprosa pared cercana al derrumbe
con indecible sonrisa, parece que vela
mi tumultuoso sueño, cansado de soñarte
como antes fueras.
Está frente a mí, tan pálida y bella,
con su muda sonrisa y su callada queja,
con sus ojos que parecen amarme en silencio...
¡ Como la amaba yo a ella !
Marcelo Feito
¿Por qué?
a solas sueña.
Celda interior su espíritu
que agota
pasada ya la guerra.
Sus duendes ya no moran
se han perdido.
Nada comprende. Duelen sus ojos tristes.
Tierra ensangrentada
idéntica aquí y allá.
Sacude el viento. Y todo desfigura.
Ensombrece.
Ni una golosina para ella
no hay abrazos, ni besos, ni muñeca.
Su código doctrinal
que condena la guerra
está olvidado.
Mira su cuerpo untado de sangre y polvo.
Nadie llama, nadie viene,
falta abrigo en la mezquita.
Ayer…
un mundo opuesto.
Hoy…
sólo temblor y frío.
María Gladys Curatte
Tristeza
Siento que me estoy muriendo, de a poco me voy borrando.
Es mi vida, un quebranto de angustias y de dolor.
Ya no tengo más el sol, hoy para todo es tarde,
La noche no me dará lo que tú me diste un día.
¡Era todo alegría, hoy es todo soledad!
Hoy para todo es tarde, si mañana tú no estás.
Nilda Scarvaglieri
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