Imaginario 4
Noviembre 2008
Viernes de canela y limón
Se desprendía la mañana sobre la tierra húmeda del patio, las luces se iban apagando como soplos de feliz cumpleaños, una a una.
El perro somnoliento despertaba sobre la alfombra y al sentir los pasos corrió esperando la caricia, ella pequeña y suave le entregó su mejor sonrisa.
De la cocina se perpetuaba el aroma placentero, ta conocido trascendie4ndo los muros de la casa, llegando a la vecindad.
-Hoy vendrá- decían y era viernes.
Al salir al jardín Ana, aspiró el aroma de sus nomeolvides, cortó un ramito y lo adhirió al salto de cama.
Entró presurosa a la sala, acomodó en hileras los almohadones de colores, encendió el fuego, de una chimenea esperanzada de calor, abrió la ventana y un sol asustado irrumpió por los rincones.
-Lindo día se dijo complacida.
Luego, subió, con cada escalón su corazón palpitaba con más ritmo, se cambió cuidando cada detalle, el saquito rosa, el collar de dos vueltas y la pollera gris. Peinó el cabello cubierto de delicadas líneas peltres y pintó sus labios con un tono rosado. Faltaban los pendientes, el obsequio de él, de un día viernes de hace siete años.
Bajó, ahora más reposada.
Arregló la carpeta blanca de la mesa y las yerberas frescas, de colores, iluminaban el Comedor, salió presurosa hacia la cocina, sacó del mueble el servicio de té, colocó el mantel azul y las tacitas, estiró con sus manos, de uñas sin pintar, las servilletas y preparó el samovar. Era muy temprano, para acortar las horas salió al patio trasero, el césped oloroso hacía alfombra bajo los pequeños zapatos negros, tendió la ropa blanca sobre el cordel, parecían banderas de recibimiento.
Una brisa fresca sacudió su cuerpo, estaba haciendo frío.
Dejó los enseres en el lavadero y se fue, despacio, hasta el sofá, estiró sus manos y las calentó ante el fuego.
Ahora había que esperar, un dulce aroma de canela y limón se esparcía por toda la casa, cerró sus ojos complacida.
El péndulo bailaba los minutos, uno a uno. Se despertó sobresaltada, miró el reloj, las cuatro y media, ya era tiempo. Arregló su ropa y con pasos seguros fue a prender el hornillo, sacó la bandeja y colocó en forma de pirámide las aromáticas galletitas, tal cual le gustaban a él.
El impertinente timbre la sobresaltó. -¿Quién sería?- Él no. Él tenía llave.
Caminó sobre la alfombra clara y abrió, sus ojos eran estrellas de alba color ámbar. Y ahí estaba, encanecido y un poco encorvado, pero con la mirada del mismo color de la mujer.
-Hola, te esperaba. ¿Y la llave? Seguramente la perdiste.
-Entra, hace frío.
Y ella le ofreció su abrazo y él lloró desde el tiempo de un día viernes.
-Está bien- y con palmaditas le repetía:
-Ya estás en casa- Y con la mirada complacida se tomó de su brazo y fueron a tomar el té con masitas, mientras él le daba el beso que hace siete años no pudo, cuando ellos se lo llevaron.
Mientras la tarde se escapaba, el aroma de canela y limón invadía el regreso del hijo amado.
Liliana Esther Espósito Agüero
Sin título
Madre sinónimo de amor a cada niño aunque no lleve su sangre.
Madre sinónimo de protección, de cariño, de lucha, de sacrificio.
Madre sinónimo de amar eternamente.
¿Cómo separarme de mi madre? ¿Cómo separarme de mi hija?
Jamás podría…porque son parte de mi vida.
¿Tendré de mi madre la constante lucha inagotable y su amor sin fin?
¿Tendrá la hija el capricho de seguir mis intuiciones por la vida y mi fe? N lo sé.
Solo sé que el amor de una madre continua en una hija, y no hay muertes, solo hay vida, hay amor y alegrías, hay tristezas compartidas y una eterna algarabía.
Aunque no lleve tu sangre, yo tengo tu compañía.
Al despertar cada mañana, tus ojos antes me miran.
Porque al llegar a tu vida me diste todo de ti.
Un amor grande y profundo, me ha cuidado noche y día.
Tu desesperada preocupación por verme cada vez mejor,
por hacer las cosas bien, por preguntarle a Dios.
Por llevarme al pediatra mil veces para un control.
Aunque no lleve tu sangre vos sos la mejor mamá,
porque vos elegiste cuidarme.
Gracias por todo tu amor.
Gracias por esta vida.
Gracias por tu feliz compañía.
¡Gracias por ser mi mamá, la más querida!
Madre sinónimo de amor a cada niño aunque no lleve su sangre.
Madre sinónimo de protección, de cariño, de lucha, de sacrificio.
Madre sinónimo de amar eternamente.
¿Cómo separarme de mi madre? ¿Cómo separarme de mi hija?
Jamás podría…porque son parte de mi vida.
¿Tendré de mi madre la constante lucha inagotable y su amor sin fin?
¿Tendrá la hija el capricho de seguir mis intuiciones por la vida y mi fe? N lo sé.
Solo sé que el amor de una madre continua en una hija, y no hay muertes, solo hay vida, hay amor y alegrías, hay tristezas compartidas y una eterna algarabía.
Aunque no lleve tu sangre, yo tengo tu compañía.
Al despertar cada mañana, tus ojos antes me miran.
Porque al llegar a tu vida me diste todo de ti.
Un amor grande y profundo, me ha cuidado noche y día.
Tu desesperada preocupación por verme cada vez mejor,
por hacer las cosas bien, por preguntarle a Dios.
Por llevarme al pediatra mil veces para un control.
Aunque no lleve tu sangre vos sos la mejor mamá,
porque vos elegiste cuidarme.
Gracias por todo tu amor.
Gracias por esta vida.
Gracias por tu feliz compañía.
¡Gracias por ser mi mamá, la más querida!
Nilda Norma Scarvaglieri
Nadar
Solo estoy conmigo misma
y en mi piel nace este deseo.
Deseo que la infancia coloreó de ensueños
Azules como los ojos de Cristóbal.
La luna dejó paso a la luz del sol
y camino en paz, desnuda
hacia el mar calmo
que juega con las estrellas.
Como un perfume dulce, en flor.
Nadie puede entender lo que siento
cada vez que llego al agua
toda la historia de mi vida
se justifica al tocar las olas
como si besara al hombre más amado
y fuera correspondida al fin.
El pudor y el no poder
son sensaciones que se las lleva el viento
y el desear, el llorar, el amar
crecen dentro mío como un innato sentimiento.
Solo estoy conmigo misma
Y me interno en tu útero materno
Me olvido de quien soy, fui, seré
Ya que estoy completa, feliz, plena
Poderosa como Afrodita, vulnerable como un bebé
Sexy, femenina, demasiado mujer.
Me transporto más y más profundo
en tus aguas milagrosas
Y mi espíritu es como una canción de cuna
suspirando cada vez más lento.
Nada más me importa
acurrucada a tus pies de algas
superada de placer
sin poder explicar lo que me pasa
en mis susurros suaves
bajo el tranquilo halo que me acaricia.
Solo estoy conmigo misma
Dichosa de verme mojada
en medio de los peces
luminosos guardianes de mi alma.
Oceánica como soy,
siento la más hermosa sensación
que ni todo el oro del mundo
podría quitar este amor.
No hay ningún amanecer
que no me despierte
sin saber que te soñé
porque te amo.
Solo estoy conmigo misma
regresando a la orilla, en trance
me quedo dormida, abrazada a tu ternura.
No me despierten por favor,
Mi sueño tiene éxtasis y espuma.
Teresita Vago
Café con estrellas
Sentado en la calle, en la noche saboreo
un humeante café como en viejos tiempos.
La taza miro. En su espejo errante
aparece una estrella. La bebo en un instante,
y pronto aparece otra estrella nueva
que vuelvo a beber. Mi garganta lleva
bebidas estrellas, galaxias, planetas,
la vida y la muerte, la materia sin nombre
y todo el infinito que imaginó el hombre
en el simple reflejo de una taza que humea.
Ezequiel Feito
Viejo puesto de estancia
Naciste allá por 1900 y todavía estás en pie. Cuantos inviernos y ventarrones aguantaste. Hasta hoy te acompañan unas talas y algunos ombúes, el aljibe, una vieja volanta y un añejo arado mansera que se resiste al paso del tiempo.
En las talas y ombúes todavía anidan algunas tijeretas, calandrias y algún hornero para cantarte cuando sale el sol.
Viejo puesto, que con el paso del tiempo te quedan las hilachas de rancho de adobe. Todavía se siente el olor a querosén de tus viejas lámparas que alumbraban las noches de tristeza y alegría. Todavía retumban los acordes de una verdulera y alguna guitarra en tu patio de tierra. Todavía quedan las cañas colgadas sobre los tirantes donde se colgaban los chorizos de chancho, los jamones, alguna bondiola y las morcillas de la carneada que ya terminó.
La estancia ya cambió de varios dueños y vos seguís parado ahí, porque en las entrañas de tu viejo rancho todavía anidan gorriones, golondrinas y alguna ratonera. Pero también conviven cuises, peludos y zorrinos que son los dueños del lugar.
¡Cuantos amoríos con los hijos de los puesteros del lugar quedan en el recuerdo1
Y ahora llegó un nuevo dueño que poco le importa de la historia de este rancho que no quiere aflojar al paso del tiempo. Ya le han cortado las cadenas de la vieja tranquera de madera que cuidaba de éste y ahora será abierta para que la novillada entre a rascarse sobre el mismo para que lo terminen de tirar. Aún así, el rancho resiste los embates del tiempo, aunque el patrón dio la orden de echarlo abajo porque según él no sirve para nada.
La historia de este rancho quedó diciendo. “Señor soy del 1900”.
El sureño
Sin Título
Esta historia ocurrió un día que iba paseando por mi pueblo (San Agustín), en la esquina de Blanco, el quiosquero, sobre la avenida principal ¿vieron donde para el colectivo?, estaba muy paradito un elefante, ¡sí, un elefante enorme! Y lo más increíble era su color ¡era de color rosa! ¿Se imaginan mi confusión? Un elefante y encima de color rosa.
Me fui acercando despacito, tengo que reconocer que tenía un poco de miedo.
Como les contaba me acerqué hasta que estuve pegadita a él y en voz muy bajita le pregunté si necesitaba algo, y ahora viene lo más increíble; me contestó que estaba perdido y que estaba esperando un colectivo que lo llevara a su tierra que extrañaba mucho. Me senté a su lado y me contó una historia, se llamaba como se imaginarán, Trompita. Me dijo que venía de muy lejos, de África y que no se acordaba como llegó aquí, pero que necesitaba volver con su familia.
Me contó que vivía en la selva donde el piso era de tierra y no se lastimaba las patas como acá, que había muchos árboles y un río enorme donde se bañaban y tomaban agua, que viven muchos leones y avestruces, también muchos pájaros muy lindos, que pasaban las tardes jugando y por las noches dormían bajo un cielo repleto de estrellas; me dio mucha pena de solo pensar como me sentiría yo lejos de mi familia y de mi lugar y le propuse ayudarlo, aunque no tenía la menor idea de cómo. Primero lo llevé a casa. Imagínense la cara de mamá y papá cuando me vieron llegar con un elefante que encima hablaba. Bueno, después de contarle toda la historia y de convidarlo a tomar leche con pan y manteca, nos pusimos a pensar como lo ayudábamos a llegar a África.
Pensamos y pensamos hasta que a mi hermano se le ocurrió llamar al abuelo Roque que vive en Buenos Aires y trabaja en el aeropuerto para preguntarle si podíamos embarcar a Trompita en algún avión que fuera a África. Él nos dijo que iba a hablar con algunos amigos y después nos contestaba. Para cuando llamó a la noche Trompita se había comido 50 kilos de maní y se había dormido en el patio. Nos dijo que sí, que al otro día lo podían llevar, así que lo despertamos y le dimos la noticia, hizo un agujero en el piso de los saltos que pegó y nos fuimos todos a dormir. Íbamos a tener mucho trabajo al día siguiente.
Bien tempranito a la mañana siguiente desayunamos y salimos a buscar a un camionero amigo para que lo llevara a Buenos Aires.
Como a las 10 de la mañana Trompita estaba listo para viajar y muy nervioso porque le daba un poco de miedo subir al avión. Nos despedimos con un poquito de tristeza, porque nos habíamos encariñado con él, pero muy felices ya que iba a volver con su familia que es donde uno debe estar.
A la noche nos llamó el abuelo para decirnos que Trompita ya estaba en viaje y que todo había salido muy bien.
Y esta es la historia del día e que me hice amiga de un elefante de color rosa, ¿vieron? En cualquier esquina uno puede encontrar a un amigo a quien echarle una mano.
Y colorín colorado este cuento ha terminado.
Verónica Ramazzotti
Detrás de la tranquera
Detrás de la tranquera
el campo, “La Molai”.
Detrás de la otra,
Mi hogar.
Casa rosa. Simple hogar.
Una pared, junto a la otra...
Recuerdos. Vivencias;
nuestra casa.
No siempre color de rosa.
Nuestra casa.
Buen hogar. ¡Linda familia!
Detrás de la tranquera
el campo, la tierra,
el sol, el agua.
Detrás de la casa,
el arado, el molino, el hogar.
Detrás de la tranquera
nosotros, la vida,
el mate, la ilusión,
la música; el amor...
detrás de la casa,
nosotros. Mi familia,
Dios. El lápiz y el papel.
Marina Ibarlucea
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