Imaginario 5
Enero 2009
Piedras
-Piedras no, rocas, informa el guía.
Ya no lo escucho, miro embelesada la ladera rasa de Los Andes, barrida por el agua y los vientos de la cordillera.
Ellos están ahí, orando al pie de la catedral esculpida en la roca. ¿Aquí también ayudaron a construirla los ángeles con sus alas llenas de polvo, como cuenta una vieja leyenda de Etiopía, donde colaboraron a crear iglesias hundidas en la roca viva?
Hebras de sol, cual ramillete de fino oro, iluminaron sus rostros, sus manos juntas, sus hábitos pétreos…
Escucho un cántico celestial. Ellos se mueven, suben y suben…Van hacia ella.
-Señora, son los Penitentes. ¿Vio que obra maravillosa de la Naturaleza?
Reacciono, el sol se esconde y las sombras proyectan largas formas sobre la escarpa.
Miro bien, ¿está tan alto que confundí piedras con seres reales? ¿Vi y escuché realmente lo que creo?
¡Qué lástima, subiría a tocarlos, a estar con ellos! Pero a mi edad: ¿qué puedo hacer?
-Piedras no, rocas, informa el guía.
Ya no lo escucho, miro embelesada la ladera rasa de Los Andes, barrida por el agua y los vientos de la cordillera.
Ellos están ahí, orando al pie de la catedral esculpida en la roca. ¿Aquí también ayudaron a construirla los ángeles con sus alas llenas de polvo, como cuenta una vieja leyenda de Etiopía, donde colaboraron a crear iglesias hundidas en la roca viva?
Hebras de sol, cual ramillete de fino oro, iluminaron sus rostros, sus manos juntas, sus hábitos pétreos…
Escucho un cántico celestial. Ellos se mueven, suben y suben…Van hacia ella.
-Señora, son los Penitentes. ¿Vio que obra maravillosa de la Naturaleza?
Reacciono, el sol se esconde y las sombras proyectan largas formas sobre la escarpa.
Miro bien, ¿está tan alto que confundí piedras con seres reales? ¿Vi y escuché realmente lo que creo?
¡Qué lástima, subiría a tocarlos, a estar con ellos! Pero a mi edad: ¿qué puedo hacer?
Stella Marucco
Pequeño pájaro azul
Pequeño pájaro azul
que de los cielos te has marchado
dejando el sueño profundo
en aquellos que te están buscando.
Mundo inquieto y desafiante
aire de guerras humanas
ya no prefieren la calma
ante la lluvia de balas.
Pequeño pájaro azul
solo el silencio puede desgarrar
el alma.
Nadie busca la esperanza
no ver, no oír, no escuchar
de los proverbios orientales buscan fama
nadie quiere ser partícipe
de la verdad consumada
pequeño pájaro azul
de los bosques, el misterio.
La vida recuerda el paso
de los caminos sin vallas.
Sos el mensaje, en la
tierra de los hombres, y pasiones
de los ojos en llamas.
Compañero que me acuna
en las plegarias diarias
y de los desvelos
que nadie calla.
Pequeño pájaro azul,
dejame volar
en el cielo de tu alma.
que de los cielos te has marchado
dejando el sueño profundo
en aquellos que te están buscando.
Mundo inquieto y desafiante
aire de guerras humanas
ya no prefieren la calma
ante la lluvia de balas.
Pequeño pájaro azul
solo el silencio puede desgarrar
el alma.
Nadie busca la esperanza
no ver, no oír, no escuchar
de los proverbios orientales buscan fama
nadie quiere ser partícipe
de la verdad consumada
pequeño pájaro azul
de los bosques, el misterio.
La vida recuerda el paso
de los caminos sin vallas.
Sos el mensaje, en la
tierra de los hombres, y pasiones
de los ojos en llamas.
Compañero que me acuna
en las plegarias diarias
y de los desvelos
que nadie calla.
Pequeño pájaro azul,
dejame volar
en el cielo de tu alma.
Liliana Espósito Agüero
Estrella
Deja que ella
Te cuente
Mira tu estrella.
Respira.
Traerás todo a
la mente.
Y un día ellos
Contarán los
Cuentos mirando
Tu estrella.
Eso es la vida,
Eso es la muerte
¡Que nuestra vida
No pase en vano
Entre la gente!
Te cuente
Mira tu estrella.
Respira.
Traerás todo a
la mente.
Y un día ellos
Contarán los
Cuentos mirando
Tu estrella.
Eso es la vida,
Eso es la muerte
¡Que nuestra vida
No pase en vano
Entre la gente!
Marina Ibarlucea
Mi suerte
Tuve la suerte….¡Ay, si!
Nací sureño
Para mejor, mi vida
¡Soy Balcarceña!
Con el sombrero en alto,
Yo te saludo…
Balcarce de mis amores,
¡Soy hijo tuyo!
Dos coplas que dicen todo,
Lo que siente el corazón,
De tus hijos, de tu gente…
Balcarce ¡Sos lo mejor!
Si me fuera dado donde nacer nuevamente, elegiría Balcarce. Pequeño remanzo donde la naturaleza fluye lujuriosa en todo su esplendor. Hermosa ciudad rodeada de sierras, cubierta de hierbas y flores, el sol resplandece, sus rayos dorados en la roca virgen, habitantes de cromos, cristales, metales, que duermen un sueño de paz. Desde la cima, contemplo el paisaje , la ciudad un núcleo de casas y cales, se extienden generosas a los cuatro vientos, palpitando el encuentro. Asombro de viajero que llega, la sonrisa da la bienvenida y la ciudad toda, se abre en un abrazo, convertida en símbolo de franca amistad.
Nací sureño
Para mejor, mi vida
¡Soy Balcarceña!
Con el sombrero en alto,
Yo te saludo…
Balcarce de mis amores,
¡Soy hijo tuyo!
Dos coplas que dicen todo,
Lo que siente el corazón,
De tus hijos, de tu gente…
Balcarce ¡Sos lo mejor!
Si me fuera dado donde nacer nuevamente, elegiría Balcarce. Pequeño remanzo donde la naturaleza fluye lujuriosa en todo su esplendor. Hermosa ciudad rodeada de sierras, cubierta de hierbas y flores, el sol resplandece, sus rayos dorados en la roca virgen, habitantes de cromos, cristales, metales, que duermen un sueño de paz. Desde la cima, contemplo el paisaje , la ciudad un núcleo de casas y cales, se extienden generosas a los cuatro vientos, palpitando el encuentro. Asombro de viajero que llega, la sonrisa da la bienvenida y la ciudad toda, se abre en un abrazo, convertida en símbolo de franca amistad.
América V. Fernández
La rueda
Dos mitades, unidas por los medios,
La rueda alisando el proceso:
De arrobo,
de dudas,
de probable quimeras.
Dos abrazos que se unen en un abrazo amante,
en las idas y vueltas.
¿Ilusión?
¿Sortilegio?
¿Mandaderos o amos?
Sentirse como pájaro libre pero con grillos puestos:
a quietud
decepciones,
la rueda en su andar va aplastando los sueños.
Costumbre.
Indiferencia. Saber como ha llegado la finitud del tiempo.
Cada parte de rueda suda por su destino
con la marca indeleble del carruaje: La vida.
Hubo ayeres. No cede y entre giros y giros
un rezongo de faltas acaricia los rayos
que son un poco herrumbe, y otro poco, esperanza.
…
Demasiadas flaquezas van mostrando su grito.
Dos mitades, unidas por los medios,
La rueda alisando el proceso:
De arrobo,
de dudas,
de probable quimeras.
Dos abrazos que se unen en un abrazo amante,
en las idas y vueltas.
¿Ilusión?
¿Sortilegio?
¿Mandaderos o amos?
Sentirse como pájaro libre pero con grillos puestos:
a quietud
decepciones,
la rueda en su andar va aplastando los sueños.
Costumbre.
Indiferencia. Saber como ha llegado la finitud del tiempo.
Cada parte de rueda suda por su destino
con la marca indeleble del carruaje: La vida.
Hubo ayeres. No cede y entre giros y giros
un rezongo de faltas acaricia los rayos
que son un poco herrumbe, y otro poco, esperanza.
…
Demasiadas flaquezas van mostrando su grito.
Olga Tasca de Pardo
Duende
Yo escuché que un duende susurró en mi oído
En la noche oscura de la luna escondida
Me tomó la mano, me sentí elevada
En la oscuridad de la noche helada.
Delira mi mente con vidas pasadas
y el viento me trae susurros de seres dispersos,
divago en la noche detrás de aquel duende
escucho lamentos de vidas cruzadas,
me pierdo en el tiempo, contemplo asombrada
celestes galaxias de cumbres nevadas.
Mi alma se asoma detrás de las cumbres
mirando extasiada la noche estrellada.
estoy delirando soñando despierta
detrás de ese duende que se lleva el viento.
En la oscuridad de noches sin tiempo
yo busco aquel duende que trajo a mi mente
recuerdos lejanos de vidas pasadas,
deliro en el tiempo con seres dispersos
en una galaxia de cumbres nevadas
oyendo el susurro de un duende travieso en la oscuridad de la noche helada.
Yo escuché que un duende susurró en mi oído
En la noche oscura de la luna escondida
Me tomó la mano, me sentí elevada
En la oscuridad de la noche helada.
Delira mi mente con vidas pasadas
y el viento me trae susurros de seres dispersos,
divago en la noche detrás de aquel duende
escucho lamentos de vidas cruzadas,
me pierdo en el tiempo, contemplo asombrada
celestes galaxias de cumbres nevadas.
Mi alma se asoma detrás de las cumbres
mirando extasiada la noche estrellada.
estoy delirando soñando despierta
detrás de ese duende que se lleva el viento.
En la oscuridad de noches sin tiempo
yo busco aquel duende que trajo a mi mente
recuerdos lejanos de vidas pasadas,
deliro en el tiempo con seres dispersos
en una galaxia de cumbres nevadas
oyendo el susurro de un duende travieso en la oscuridad de la noche helada.
Rosalía Díaz
Me habitan
Siento otras arenas agitándose en mi alma; la carne adherida a una consternación roída. Tengo los puños cerrados y las pupilas dilatadas por este vértigo sin sueño. Es como alejarse y crecer, un ataúd en llamas con mi nombre inscripto en agua.
Busco la palabra oscura, soplo las cenizas de mis raíces. Cae conmigo el resabio de mis lágrimas, y un galope muerto en mi pecho, escucha el diluvio pétreo del hambre mustio y fangoso.
Es la hora, la condena, mi lecho, mi fin. La fiebre correrá en mis venas, burbujeando en sin sentidos la insomne magnitud de un festival profano. Lo sé, las siento correr en mi mente, erigiendo un reino de exilio grotesco, errante y dichoso.
Entre el crepúsculo y la primera sombra de luz seré otro, como un rito
tendido al poniente.
Porque están aquí, en mi, bajo esta piel adormecida para siempre.
Y me habitan.
Busco la palabra oscura, soplo las cenizas de mis raíces. Cae conmigo el resabio de mis lágrimas, y un galope muerto en mi pecho, escucha el diluvio pétreo del hambre mustio y fangoso.
Es la hora, la condena, mi lecho, mi fin. La fiebre correrá en mis venas, burbujeando en sin sentidos la insomne magnitud de un festival profano. Lo sé, las siento correr en mi mente, erigiendo un reino de exilio grotesco, errante y dichoso.
Entre el crepúsculo y la primera sombra de luz seré otro, como un rito
tendido al poniente.
Porque están aquí, en mi, bajo esta piel adormecida para siempre.
Y me habitan.
Julio Barnes
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