Revistra Imaginario 6

Imaginario 6

Febrero 2009




Sinfonía nocturna


Se siente en la noche una melodía
yo viajo en el cosmos ausente mi mente
me he quedado sola rodeada de gente.
De pronto regreso y observo asombrada
a seres que ríen bailando abrazados.
Me elevo en el aire al son de las notas
mi cuerpo vibrando al compás de la música.
La mirada lejana viajando en el tiempo
mientras que la orquesta
emite sonidos melodiosamente
poblando la brisa de suaves lamentos.
El aire se llena de notas lejanas
inundando la noche de una melodía
mientras que yo viajo buscando la calma
en tiempos lejanos detrás de mi alma.
Quisiera sentir el calor
de los que ayer se acercaron temblando
diciéndome al oído que escuchara la orquesta
que emite un nocturno de música compuesta.
Sigo escuchando risas
de seres que me miran con indiferencia.
Viajaré hacia el cosmos
buscando en la noche
las notas lejanas que emite la orquesta.
El murmullo en las hojas
mezclado con el viento
me traen el recuerdo
de una melodía nocturna
que suena en mis oídos
como un suave lamento.


Rosalía Díaz




El taxista



Recorro miles de kilómetros
en mi taxi negro y amarillo
las calles me perturban
los murmullos de la ciudad.
Me enmudecen mis oídos.
Y los pensamientos locos
brotan en la mente tranquila.
Historias diferentes
abrazan mi vida nómada
Llena de recuerdos y sueños.
El taxi es la esencia
de mi alma sosegada
es la ilusión
que acuna las alegrías
de mi mudo mágico.
Esa magia misteriosa
hechiza la ruidosa ciudad,
abriga las locuras
de los viajes abrumadores.
Esos viajes
me llevan a lo místico
donde las rutas
cautivan mis ojos pequeños.
Viajes embriagadores
hacen penetrar en las venas
la furia de la ciudad
las historias de la gente
juegan con las mías
dentro del loco ser.


Luana Miranda

Regalo

Verano…la ciudad serrana está adormecida por el sol que pega fuerte y la pinta de oro.
Estamos inquietas. A mi prima le han prometido un regalo increíble: una chiva.
¡Una chiva! Con lo destrozonas que son, refunfuña mamá.
Cerca, se escucha el ruido ronco del motor de la camioneta que trae el precioso obsequio.
Ya dobla por el “camino de los tilos” que, con su perfume, le señala la calle.
Ya estaciona frente al portó rojo de la casa.-
Ansiedad, temblor, alegría contenida, rumor de niño que se expande.
Abrimos, las puertas rechinan. Ella está ahí, en la parte de atrás, atada con una soga a la rueda de auxilio, blanca, barrigona, silenciosa, pelito corto, patas fuertes, colita juguetona. Nos acercamos con los brazos extendidos. La miramos. Nos mira. Se mueve ansiosa. Esperamos su reacción. De pronto clava sus ojos en mí, y de una dentellada arranca el moño rojo que adorna mi vestido.
-¡Ya somos amigas! Gritamos con el corazón alborotado.
Entonces, el patio se llena de gritos y balidos, el patio con macetones y canteros repletos de flores, con jazmines y parras salvajes que trepan sin piedad tapando cañerías y desagües, con pájaros y mariposas de colores; el patio de mi tía que “Chivi”, como la llamamos ahora, observa con extraña mirada de placer…

Stella Maruco

Aquellos hombres, ayer

…entraron en silencio. Los cautivó la aldea
y en comunicación de sueños hermanaron.
El campo abierto, dispersa geografía casi inerte,
se tendió a los pies, los adhirió al paisaje.
Un suelo púber desfundose al alba
para hacer donación de sus entrañas.
Aquel hombre en silencio, acarició la tierra
y hendió con el arado sus plegarias
que al cielo remontaron.
Un titilar de estrellas iluminó los pliegues
y el seno virgen, todo ansias
al germen dio prisión.
Cantó la lluvia y bienhechora
maravilló los campos.
El sol desde su trono obró el milagro
y oscureció los rostros que en su entrega
confiaron junto al surco. Y era gozo
que los montes guardaron
para llevar a los vientos
perennidad solar, dignísimo destino.
Se embalsamó el ambiente en la llanura
y se estrecharon con ardor las palmas
que curtidas,
lograron la ventura.
La visión de los hombres no fue quimera
y arraigó al forjador que en sus pupilas
vio la eclosión agraria en el sudeste,
vio en Balcarce
una nueva pampa bullente.
El horizonte verdiazul entró en la historia.
Hoy
un óleo en plenitud canta sus glorias.

María Gladys Curatte

En el día de los enamorados

Estar enamorado es dejar que el viento te lleve a algún puerto.
Es mirar el mar infinitamente, sonreír sin motivo aparente.
Estar enamorado es sentir el sol en tu piel, respirar a jazmines.
Estar enamorado es no tener edad, ni preguntarla.
Salir a caminar y dejar que la lluvia moje tus mejillas sonrojadas.
Estar enamorado es viajar en una nube por el cielo.
Escribir palabras tontas sin sentido.
y correr detrás de ese corazón que se ha ido.
Estar enamorado es amar sin pedir nada a cambio
y ser feliz con lo que Dios nos da en cada suspiro,
es no tener miedo y confiar, confiar en otro ser humano.

Nilda Scarvaglieri

Alardeas

Alardeas de tu dedicación,
De tu disciplina: has echo de tu cuerpo un arma.

Antes, cuando los dioses podían olfatearse
y sus colores se posaban en cada rincón,
allí: tú eras un héroe.

En aquellos viejos tiempos donde el Sol [---] nuestros días,
y la vida del hombre tenía una razón de ser en la Tierra,
tu esfuerzo por ser el mejor cada día
era recibido como un don divino.
[Disfrutado y respetado como tal]

Hoy, que los dioses se han marchitado
y que solo hay sombras y niños con hambre,
tus sueños, tu misión, tu perfección…
No son más que una monstruosidad.
[Una antinaturalidad]

Martín Fisicaro




Revista Imaginario 5

Imaginario 5
Enero 2009
Piedras



-Piedras no, rocas, informa el guía.
Ya no lo escucho, miro embelesada la ladera rasa de Los Andes, barrida por el agua y los vientos de la cordillera.
Ellos están ahí, orando al pie de la catedral esculpida en la roca. ¿Aquí también ayudaron a construirla los ángeles con sus alas llenas de polvo, como cuenta una vieja leyenda de Etiopía, donde colaboraron a crear iglesias hundidas en la roca viva?
Hebras de sol, cual ramillete de fino oro, iluminaron sus rostros, sus manos juntas, sus hábitos pétreos…
Escucho un cántico celestial. Ellos se mueven, suben y suben…Van hacia ella.
-Señora, son los Penitentes. ¿Vio que obra maravillosa de la Naturaleza?
Reacciono, el sol se esconde y las sombras proyectan largas formas sobre la escarpa.
Miro bien, ¿está tan alto que confundí piedras con seres reales? ¿Vi y escuché realmente lo que creo?
¡Qué lástima, subiría a tocarlos, a estar con ellos! Pero a mi edad: ¿qué puedo hacer?


Stella Marucco
Pequeño pájaro azul
Pequeño pájaro azul
que de los cielos te has marchado
dejando el sueño profundo
en aquellos que te están buscando.
Mundo inquieto y desafiante
aire de guerras humanas
ya no prefieren la calma
ante la lluvia de balas.
Pequeño pájaro azul
solo el silencio puede desgarrar
el alma.
Nadie busca la esperanza
no ver, no oír, no escuchar
de los proverbios orientales buscan fama
nadie quiere ser partícipe
de la verdad consumada
pequeño pájaro azul
de los bosques, el misterio.
La vida recuerda el paso
de los caminos sin vallas.
Sos el mensaje, en la
tierra de los hombres, y pasiones
de los ojos en llamas.
Compañero que me acuna
en las plegarias diarias
y de los desvelos
que nadie calla.
Pequeño pájaro azul,
dejame volar
en el cielo de tu alma.
Liliana Espósito Agüero
Estrella
Deja que ella
Te cuente
Mira tu estrella.
Respira.



Traerás todo a
la mente.
Y un día ellos
Contarán los
Cuentos mirando
Tu estrella.


Eso es la vida,
Eso es la muerte
¡Que nuestra vida
No pase en vano
Entre la gente!
Marina Ibarlucea
Mi suerte
Tuve la suerte….¡Ay, si!
Nací sureño
Para mejor, mi vida
¡Soy Balcarceña!


Con el sombrero en alto,
Yo te saludo…
Balcarce de mis amores,
¡Soy hijo tuyo!


Dos coplas que dicen todo,
Lo que siente el corazón,
De tus hijos, de tu gente…
Balcarce ¡Sos lo mejor!
Si me fuera dado donde nacer nuevamente, elegiría Balcarce. Pequeño remanzo donde la naturaleza fluye lujuriosa en todo su esplendor. Hermosa ciudad rodeada de sierras, cubierta de hierbas y flores, el sol resplandece, sus rayos dorados en la roca virgen, habitantes de cromos, cristales, metales, que duermen un sueño de paz. Desde la cima, contemplo el paisaje , la ciudad un núcleo de casas y cales, se extienden generosas a los cuatro vientos, palpitando el encuentro. Asombro de viajero que llega, la sonrisa da la bienvenida y la ciudad toda, se abre en un abrazo, convertida en símbolo de franca amistad.
América V. Fernández
La rueda

Dos mitades, unidas por los medios,
La rueda alisando el proceso:
De arrobo,
de dudas,
de probable quimeras.
Dos abrazos que se unen en un abrazo amante,
en las idas y vueltas.
¿Ilusión?
¿Sortilegio?
¿Mandaderos o amos?
Sentirse como pájaro libre pero con grillos puestos:
a quietud
decepciones,
la rueda en su andar va aplastando los sueños.
Costumbre.
Indiferencia. Saber como ha llegado la finitud del tiempo.
Cada parte de rueda suda por su destino
con la marca indeleble del carruaje: La vida.
Hubo ayeres. No cede y entre giros y giros
un rezongo de faltas acaricia los rayos
que son un poco herrumbe, y otro poco, esperanza.

Demasiadas flaquezas van mostrando su grito.
Olga Tasca de Pardo
Duende


Yo escuché que un duende susurró en mi oído
En la noche oscura de la luna escondida
Me tomó la mano, me sentí elevada
En la oscuridad de la noche helada.
Delira mi mente con vidas pasadas
y el viento me trae susurros de seres dispersos,
divago en la noche detrás de aquel duende
escucho lamentos de vidas cruzadas,
me pierdo en el tiempo, contemplo asombrada
celestes galaxias de cumbres nevadas.
Mi alma se asoma detrás de las cumbres
mirando extasiada la noche estrellada.
estoy delirando soñando despierta
detrás de ese duende que se lleva el viento.
En la oscuridad de noches sin tiempo
yo busco aquel duende que trajo a mi mente
recuerdos lejanos de vidas pasadas,
deliro en el tiempo con seres dispersos
en una galaxia de cumbres nevadas
oyendo el susurro de un duende travieso en la oscuridad de la noche helada.
Rosalía Díaz
Me habitan
Siento otras arenas agitándose en mi alma; la carne adherida a una consternación roída. Tengo los puños cerrados y las pupilas dilatadas por este vértigo sin sueño. Es como alejarse y crecer, un ataúd en llamas con mi nombre inscripto en agua.
Busco la palabra oscura, soplo las cenizas de mis raíces. Cae conmigo el resabio de mis lágrimas, y un galope muerto en mi pecho, escucha el diluvio pétreo del hambre mustio y fangoso.
Es la hora, la condena, mi lecho, mi fin. La fiebre correrá en mis venas, burbujeando en sin sentidos la insomne magnitud de un festival profano. Lo sé, las siento correr en mi mente, erigiendo un reino de exilio grotesco, errante y dichoso.
Entre el crepúsculo y la primera sombra de luz seré otro, como un rito
tendido al poniente.
Porque están aquí, en mi, bajo esta piel adormecida para siempre.
Y me habitan.
Julio Barnes

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